4 REVOLUCIONES INDUSTRIALES II

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Escucha el podcast: 4 Revoluciones Industriales II

 

En el post del miércoles pasado mencionamos a la primera revolución industrial que duró de 1760 a 1870 años (110 años) y la segunda que se extendió de 1870 a 1914, es decir, 44 años.

Veremos ahora la tercera revolución. Resulta difícil precisar fechas de inicio y terminación. Los expertos no se ponen de acuerdo.

Si la segunda revolución industrial termina en 1914 debemos considerar que a partir de esa fecha surge un avance lento y subrepticio, nada espectacular, pero nunca se detiene. Es preciso considerar que los eventos catastróficos de primera y segunda guerras mundiales fueron un impulso a las innovaciones, enfocado a crear mejores armas, más potentes y con mayor alcance, tanto en tierra como en el aire.

Las grandes potencias en pugna invirtieron enormes sumas para crear más fuerza destructiva que permitiera aventajar al enemigo. El avance superlativo consistió en crear el arma más letal de la historia: la bomba atómica que se detonó en Hiroshima el 6 de agosto de 1945. El 20 de julio de 1969 el mundo entero se estremeció con las imágenes de la llegada del hombre a la luna. Todos estos acontecimientos suceden por la inversión que llevan a cabo los países ansiosos por ser líderes del mundo.

Detrás de esos hechos espectaculares, como fuente de ellos, están los esfuerzos por avanzar las telecomunicaciones y la computación. Así surgieron inventos más sofisticados con respecto a la radio, el teléfono, el telégrafo, la fibra óptica y la fibra de vidrio. Surgió la nanotecnología, la robótica y la biotecnología. Se comenzó a explotar la energía nuclear. Se mapeó el ADN. Se clonó la famosa “oveja Dolly”.

El sello destacado de la tercera revolución industrial es la conformación de la informática. Desde Charles Babbage en el periodo 1822-1833 se crea la primera máquina que hace cálculos matemáticos exactos. Para 1924 se da otro avance: Herman Hollerith quien en 1889 registró la primera máquina tabuladora electromagnética que trabajaba con tarjetas perforadas, lo que hizo posible que se procesara el censo de 1890 de los Estados Unidos en tan solo tres años, antes se tardaban diez. En 1924 fusiona su empresa con otras dos para formar la International Business Machine (IBM).

Otro avance relevante es el que produjo Alan Turing que fue capaz de descifrar el Código Enigma que servía al ejército alemán para programar el transporte marítimo de sus submarinos. Se le atribuye a él una gran contribución al triunfo de las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial.

En 1989 culmina este proceso de mejoramiento continuo de la informática con la creación del fenómeno mundial llamado la “Red de Redes” (World Wide Web, WWW) cuyo padre y protector es Timothy John Berners-Lee. Él se encarga de que sea totalmente gratuito. Este factor contribuyó a su difusión acelerada en todo el mundo.

En 1976 nacen las computadoras personales (PC) con la visión de Steve Jobs de “colocar una computadora en cada escritorio y cada hogar”, lo cual vino de la mano de la visión de Bill Gates de un “sistema operativo para cada computadora”. Ambas realidades configuraron un mundo que hoy nos tiene en otro nivel de pensamiento y de actuación en nuestra vida cotidiana.

Estos avances en la computación impulsaron la automatización de la industria y generaron la era de los robots en las plantas fabriles. Surgieron programas para automatizar las operaciones conocidos como ERP (planeación de los recursos de la empresa) y los CRM (gestión de las relaciones con los clientes), entre muchos otros que pretendieron agilizar los procesos para aumentar la productividad del trabajo humano. Hasta aquí, diremos que las tres revoluciones industriales han contribuido a potenciar el esfuerzo y a reemplazar la ejecución de tareas pesadas y/o repetitivas. Han creado más trabajo del que han destruido, pero ¿cómo será la cuarta?

Estamos inmersos en las aguas de la tercera revolución industrial, prácticamente todo nos moja. Resulta imposible trazar la frontera para establecer el final de la tercera y el principio de la cuarta revolución industrial. La veremos en el próximo artículo de esta serie, por lo pronto, deseo que pases una semana feliz y productiva.

 

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

RECUERDA: LOS CAMBIOS REQUIEREN DE ALGUIEN QUE TOME LA INICIATIVA Y ÉSE… ¡ES UN LÍDER! ¿ACASO ERES TÚ? ¿QUÉ ESPERAS? ADOPTA LA MENTALIDAD DE LA INNOVACIÓN CONSTANTE.

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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