Disciplina: El Reto del Líder

¿Cumplir a toda costa o permitir desviaciones a las normas o instrucciones?
¿Qué hace un líder?

Durante un juego de futbol, el entrenador del Barcelona, Luis Enrique, decide un cambio: sale Messi. Le pide que salga del campo de juego y ante 78,000 espectadores y varios millones de televidentes, Messi mueve su dedito negativamente y no sale. Luis Enrique realiza otro cambio.

Florentino Pérez, Presidente del Club Real Madrid, ha insistido como todo líder debe hacerlo “La imagen del Real Madrid, como ya he dicho en múltiples ocasiones, es uno de nuestros tesoros más preciados. Debemos luchar no por preservar esa imagen, sino mejorarla…si cabe” y continúa “debemos trazar una línea muy clara para que todo el mundo sepa que determinadas acciones y comportamientos nunca tendrán cabida en el Real Madrid”.

Ahora bien, en febrero de 2015 la prensa española dedica grandes espacios a Florentino Pérez diciéndole: “no puedes con Cristiano Ronaldo”. Ello se debe al mal comportamiento del crack al recibir el balón de oro y luego durante una fiesta, donde varios de ellos cantan entusiastamente, no obstante que acaban de ser eliminados de la Copa por el Atlético de Madrid. Sin embargo, se ignora el mal comportamiento de Cristiano y sí se castiga a James y a otros dos jugadores, según lo relata mundodeportivo.com del 13 de febrero. La credibilidad del presidente del club se ve notoriamente disminuida.

 

En el mundo del futbol destaca la figura de Pep Guardiola. Especialmente por su elevado sentido de la disciplina. Cuando fue jugador lo ganó todo, excepto los dos mundiales donde debió haber participado por las inoportunas lesiones que sufrió. Como jugador fue considerado “un excelente táctico, con espléndido toque de balón y gran visión de juego, era una prolongación del entrenador en el campo de juego”.

Es muy conocida su trayectoria como entrenador del Barcelona, donde ganó todo, Champions, Liga, Copa y el Mundial de Clubes. Su capacidad para lograr disciplina en el campo de juego es inigualable. Logró un sistema de juego efectivo y vistoso.

Después de un año sabático, en que paseó con la familia, brincó a Alemania al ser contratado como técnico del equipo campeón Bayern Múnich. Sucede que en un partido reciente frente al Shalke, uno de sus jugadores detiene a un contrario con una falta que ocasiona un penalti y además es expulsado. Guardiola corre 400 metros para reclamarle al cuarto juez de línea.

Casi al final del partido, su delantero, el famoso “no era penal”, Arjen Robben, mete un gol y empata el partido. La desbordante alegría de Guardiola lo lleva a correr a abrazar al cuarto árbitro como si fuera partidario de su equipo.

Este comportamiento le representa “un contundente toque de atención del jefe arbitral del futbol alemán”. El aviso fue claro: “si el técnico del Bayern Múnich vuelve a salir de su área técnica será expulsado”. ¿Por qué no desde la primera vez? No lo sabemos. Pero el jefe supremo del arbitraje alemán, Herbert Fandel, se justificó advirtiéndole: “haría bien en cambiar inmediatamente de actitud”.

Estos tres casos mencionados, de falta de disciplina, los uso como una muestra de que, hasta personas altamente disciplinadas, de repente incurren en faltas que sorprenden a todo mundo. Es para confirmar que este asunto de la disciplina no es un asunto despreciable.

En México, inauguramos un sexenio 2012-2018 con una excelente muestra de habilidad política al conjuntar a los partidos de oposición en un Pacto por México que hizo posible la aprobación de reformas estructurales inaplazables para el país.

Al momento de ponerlas en práctica se hizo evidente que dichas reformas afectaban intereses particulares de diversa índole, en un caso de los maestros de la Coordinadora, en otros de Telmex de Carlos Slim, en otros del duopolio televisivo (Televisa+TV Azteca), a partidos políticos que no quieren perder sus prebendas, a gobernadores acostumbrados a ser auténticos virreyes regionales, y en muchos otros a diversos personajes de la vida nacional. Consecuencia lógica: las reformas están frenadas o son ignoradas.

En esto consiste el reto de un líder: conseguir la disciplina para que las cosas se hagan como son planteadas en el papel, con respeto a los acuerdos: reglamentos, normas, políticas o estrategias.

Desde el momento en que alguien asciende legítimamente a la posición de líder, podemos estar seguros de que aplicó una severa disciplina consigo mismo, es indudable que se impuso a sí mismo la obligación de llevar a cabo un comportamiento que lo elevó por encima de sus iguales. Dejó de lado a los que ascienden de modo distinto al legítimo, con tranzas o con suculencias insostenibles.

Entonces, si un líder es capaz de imponerse a sí mismo un tipo de comportamiento que lo eleva a la obtención de logros que anhela, ¿por qué resulta tan difícil lograr disciplina en otros?

El director de Boyhood, Richard Linklater, el 15 de febrero de 2015, al recibir el premio a la mejor película, de parte de los críticos del arte cinematográfico declaró: “la verdadera función de un director, no es andar detrás de la gente, sino descubrir en ellos su grandeza y ayudarles a hacerla realidad”. Bellas palabras, sin duda, pero en la práctica resulta una tarea muy pesada sacar del fondo del alma esa grandeza en la que no cree la propia persona.

Por ello, un líder que desea tener un ambiente de disciplina donde la cultura organizacional, la planeación estratégica y los programas de trabajo se lleven a cabo, necesita desarrollar un gran ojo avizor desde el momento de la contratación, porque hay individuos que coincidirán con sus mismos anhelos y otros, en cambio, que buscan otros caminos y será prácticamente imposible encauzarlos por donde ellos no quieren caminar.

Si desde el principio el líder integra un grupo que comulga con sus aspiraciones y se comporta de una forma adecuada, entonces, convertirlo en equipo integrado, disciplinado y productivo no será cuesta arriba. Habrá trabajo por realizar, sin duda, pero con grandes posibilidades de éxito.

En cambio, si desde un principio contamos con integrantes que son un auténtico reflejo de la indisciplina en su vida cotidiana y en los trabajos que han hecho, meterlos en un esquema donde compartan una misma cultura laboral y cumplimiento de metas será sumamente difícil. Sólo en las películas heroicas que nos manda Hollywood encontramos esos éxitos.

Recordemos: a nadie le gusta ser cambiado, lo que desea un individuo es cambiar por sí mismo, como amo de su propio destino, nunca como esclavo de la voluntad ajena.

 

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¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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