El Eje Central de las Empresas Triunfadoras

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¡Qué admirable resulta conocer la historia de empresas perdurables! En México tenemos como orgullo a las empresas tequileras (Sauza y Cuervo), Cerillera la Central, las cerveceras (Modelo y Cuauhtémoc), Liverpool, Palacio de Hierro, Seguros Nacional Provincial, Casa Autrey (hoy Casa Saba) y muchas otras.

Conseguir que una empresa cruce la barrera de los cinco primeros años de existencia es todo un logro, con mayor razón las que tienen más de 100 años.

¿Te ha intrigado por qué algunas empresas sobreviven y otras no? A mí sí. Por ello, te comparto las conclusiones de un investigador acucioso: James C. Collins quien para escribir su libro “Empresas que Perduran” editado por el Grupo Editorial Norma junto con Jerry I. Porras conjuntaron un gran equipo de investigadores de la Universidad de Stanford, donde ellos son profesores.

Estos investigadores integraron una lista de 700 directivos de las empresas que figuraban en los reportes de las revistas que suelen publicar a las más destacadas de la industria y de los servicios. Encuestaron a una muestra representativa de 200 empresas.

A través de encuestas y análisis estadístico llegaron a identificar las compañías más destacadas que hubieran sido fundadas antes de 1950 para garantizar que habían superado la prueba del tiempo.

Establecieron como base de estudio a 18 compañías visionarias y a otras 18 compañías con un éxito menor como base comparativa, ejemplo American Express frente a Wells Fargo, Procter and Gamble frente a Colgate, Walt Disney frente a Columbia, etc.

En síntesis, su enfoque consistió en buscar empresas exitosas durante 100 años o más, descubrir los factores clave que explican su perdurabilidad y estudiar a fondo dichos factores.

En este apretado resumen que te presento encontrarás una interpretación libre de dichos factores, por ello, si despiertan tu interés resulta imprescindible irse a fondo leyendo el libro.

Ellos nos dicen: “Aprendimos que visionario no quiere decir blando ni indisciplinado. Todo lo contrario. Como las compañías visionarias tienen tanta claridad sobre lo que son, cuál es su misión y a qué aspiran, tienden a no tener mucho cupo para personas que no estén dispuestas o no puedan acomodarse a sus exigentes normas”.

Los autores se preguntan ¿existe realmente una compañía visionaria? ¿De dónde vienen? ¿Cómo llegan las organizaciones a hacer cosas visionarias? Mencionan que se abusaba del término “líder visionario” y entonces se preguntaban ¿estas compañías tuvieron un líder visionario durante cien años? Por supuesto que no, entonces ¿cuál es la base de su perdurabilidad?

Nos dicen: no encontramos pruebas para sostener la hipótesis de que un gran liderazgo es la variable distintiva durante las etapas críticas, formativas, de las compañías visionarias. Tuvimos que rechazar la teoría del gran líder porque no explica adecuadamente las diferencias entre estas compañías y las de comparación.

Los autores se fijaron dos objetivos primarios: identificar sus características fundamentales y la dinámica común a todas ellas; luego, comunicarlo de tal manera que generen aprendizaje para mejorar la práctica de la gestión empresarial.

Uno de los resultados de su investigación los llevó a descubrir que las compañías visionarias nunca se fijaron objetivos como “maximizar las utilidades” o “maximizar la riqueza de los accionistas”. Comprobaron que las visionarias estaban motivadas ideológicamente, iban más allá de las consideraciones puramente económicas.

La rentabilidad es una condición necesaria para la existencia y un medio de alcanzar fines más importantes, pero no es un fin en sí misma para las compañías visionarias. Las utilidades son como el oxígeno, el alimento, el agua y la sangre para el organismo; no son el objeto de la vida, pero sin ellos no hay vida.

Lo que más me llama la atención es su hallazgo de que estas empresas cuentan con una ideología bien definida y se constituye en su núcleo central, pero no hay un planteamiento que sea uniforme para las 18 compañías visionarias elegidas. Los autores sostienen que lo importante es la manera como tratan esta ideología formulada con claridad y consistencia, perdurable a lo largo de los años, sin estar cambiándola al paso de los años o cuando cambia el máximo directivo.

Los autores hacen referencia enfática al caso reiterado de la frase de John F. Kennedy: “Llevaremos un hombre a la luna y lo traeremos de regreso sano y salvo antes de que termine esta década” Kennedy murió al año siguiente en que planteó esta enorme meta, pero dejó sembrada la semilla de su inspiración para que muchos la hicieran realidad.

De eso se trata, de sembrar un núcleo central ideológico que inspire y brinde permanencia a lo largo de los años y décadas.

Ahora bien, ¿con eso basta? Por supuesto que no, Collins y Porras al encabezar a este equipo de investigación descubrieron otros principios igualmente importantes que hacen realidad a las empresas triunfadoras. En el próximo artículo tendré la oportunidad de mencionarlos, también en una apretada síntesis. Vuelvo a recomendarte esta lectura porque ya es un clásico de la administración moderna.

Por lo pronto, te deseo una semana feliz y productiva.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

RECUERDA: NADA CAMBIA HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y ESE…ES UN LÍDER. ¿ACASO ERES TÚ? TE INVITO A DAR EL PRIMER PASO, DESCUBRE OPORTUNIDADES A TU ALREDEDOR Y EMPRÉNDELAS.

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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