El Imperialismo Ataca de Nuevo

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¿Por qué no aprendemos las lecciones de la historia? ¿Por qué hemos de estar siempre retrasados? ¿Qué necesitamos para despertar?

En la segunda semana de junio de 2017 se celebraron las negociaciones sobre las cantidades que México podrá exportar de azúcar a los Estados Unidos. Con severas críticas para nuestros representantes de la Secretaría de Economía recibimos la noticia de que “volvimos a perder”.

Los industriales del azúcar en Estados Unidos son muy poderosos y presionaron a su Secretario de Comercio para que redujera las cantidades permitidas de importación, de este modo, México únicamente exportará 30 % de azúcar refinada y 70 % de azúcar cruda para que la procesen los industriales de ese país, de una cantidad decreciente, hoy del millón de toneladas anuales.

Éste es el mecanismo a través del cual la industria de los Estados Unidos se fortalece cada vez más, a costa de nuestro trabajo, empobreciendo, o al menos, limitando el crecimiento industrial de nuestro país. Lo mismo ha sucedido con el petróleo. Exportamos barriles de petróleo crudo para importarlo refinado en calidad de gasolina, con grandes diferencias de precio.

El verdadero progreso está en producir artículos de valor agregado, es decir, más trabajados y procesados en nuestro territorio para que valgan más.

El antecedente de las negociaciones azucareras es un aviso luminoso que nos advierte de los temibles resultados a obtener en todos los renglones que incluye el TLC (Tratado de Libre Comercio).

En toda América Latina se produce el mismo fenómeno. La gran economía imperialista es la de China. Compran petróleo y toda clase de materias primas a Venezuela, Brasil, Argentina, Chile, Perú y Ecuador, para luego inundarlos de productos procesados.

¿Cuánto tiempo tardarán en invadirnos a nosotros? No mucho. Lo estamos anhelando. El discutido TPP (Acuerdo Transpacífico) incluye la participación directa de China, especialmente porque Donald Trump echó reversa a la iniciativa de Barack Obama.

Los países desarrollados crecen aceleradamente por este proceso de acumulación de valor agregado a su favor. Adquieren productos de muy bajo valor agregado en los países no desarrollados para procesarlos y enriquecerlos, de tal manera, que nos los venden a precios mucho más elevados.

Otra forma de avasallarnos es invirtiendo en plantas de uso intensivo de mano de obra, donde pagan salarios ínfimos, para producir artículos de alto valor agregado que les reportan tasas elevadas de rentabilidad que luego exportan a sus países de origen convertidas en utilidades jugosas.

Ahora bien, seamos francos. Pongo en consideración la frase de Joan Robinson, una brillante economista británica, quien en 1938 publicó su libro de Filosofía Económica y allí plantea una verdad dolorosa: “Es terrible la explotación del trabajo, pero es peor la no explotación”. Si tomamos perspectiva, tenemos que aceptar con gratitud que vengan, pongan sus fábricas y exploten el trabajo mexicano.

¿Es fatalismo? No. Es nuestra culpa. Es nuestra responsabilidad aceptar que esto se produce en toda la América Latina porque no creemos en la educación, no creemos en la inversión en infraestructura, no creemos en el desarrollo.

Desde la década de los sesenta del siglo pasado, se comenzó a estudiar este fenómeno del retraso económico. ¿Por qué unos países progresan más que otros? ¿Por qué ciertos países pareciera que están destinados a la pobreza y otros a la riqueza?

Con estadísticas de más de 50 países, con datos del Foro Económico Mundial, con análisis del Banco Mundial o de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) se ha demostrado que los países que se han tomado en serio las políticas de desarrollo económico, donde juegan un papel clave el fomento a la investigación y a la educación, han logrado dar un salto cuántico en tan sólo una generación (25 años). Ningún país latinoamericano lo ha logrado.

Lo vemos con ejemplos a la mano. Los empresarios se llenan la boca al pronunciar sus discursos ante su personal diciendo “lo más importante que tenemos en nuestra empresa es nuestra gente”, pero a la hora en que se revisa el porcentaje de su presupuesto dedicado al desarrollo de esas personas descubrimos que es el “mínimo indispensable”.

A nivel individual cuando vemos las estadísticas de 5.7 libros por persona producidos (que no leídos) al año y lo comparamos con países desarrollados con más de 50 libros como promedio anual, tenemos que aceptar que tampoco nosotros (el yo, de cada quien) estamos haciendo lo que nos corresponde por ir en pos del desarrollo que nos promete una buena vida para todos.

¡Aguas! Ya viene el imperialismo chino. Falta poco para que nos inunden de productos con alta tecnología. Estamos a unos meses en que veamos fábricas chinas contratando trabajadores mexicanos que regalan su esfuerzo por unos cuantos pesos ante la falta de alternativas. Ya les estaremos dando las gracias por venir a salvarnos del desempleo.

¿Por qué no aprendemos? ¿Qué nos pasa? ¿Somos masoquistas? Si no reaccionamos a tiempo, sin duda nuestro sistema económico va a cambiar, pero ¿qué nos garantiza que sea para mejorar? Si con lo que sabemos y tenemos no somos capaces, nuestras probabilidades de caer en la promesa fácil son enormes, porque ante eso poseemos una elevada vulnerabilidad. Es impostergable que dejemos de exportar el sudor de nuestra gente y a cambio, exportemos nuestro talento con productos y servicios de alto valor agregado.

Te dejo estas ideas para que las reflexiones y busques pasos de acción. Suerte.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

RECUERDA: NADA CAMBIA, HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y ESE… ES UN LÍDER. ¿ACASO ERES TÚ? DA EL PRIMER PASO EN EL SENDERO DE LA SUPERACIÓN CONTINUA PERSONAL Y PROFESIONAL, PARA EL BIEN TUYO, DE TU FAMILIA Y DEL PAÍS.

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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