LA FUERZA DEL CARISMA

Carisma

De tanta insistencia de mis hijos y algunos amigos, me animé a ver por televisión el show THE VOICE 2014 de los Estados Unidos. ¡Qué voces! Realmente me deslumbraron y me provocó emoción escuchar a tantos jóvenes talentosos. La variedad de voces, con fuerza y matiz tan diferentes, hacen de ese espectáculo algo especial.

Aunque no vi el arranque del programa con 32 participantes, sí lo vi a partir de 16. Desde el primer momento me impresionaron varios de ellos, en particular Sisaundra Lewis y Audra McLaughin. Su potencia y su tesitura que alcanza notas muy elevadas me causaron impacto.

En cada programa los couches (mentores) de los artistas, expertos cantantes a su vez, se deshacían en elogios para todos, pero en particular para estas dos cantantes. Cuando las eliminatorias dejaban a únicamente ocho participantes, la opinión mía y de muchos con quienes compartí esta experiencia nos hacían coincidir en que entre estas dos cantantes mencionadas estaría la triunfadora del concurso.

En la semifinal, cuando de ocho quedaban únicamente cinco, estaba cantado para mí que estas favoritas, tan elogiadas por los mentores pasarían fácilmente a la final. Sin embargo, en esta etapa ya no cuenta la opinión de ellos. Lo que cuenta es el voto del público, ya sea porque bajan sus canciones por internet o porque marcan por twitter o SMS.

Me resultó sorprendente que las dos quedaran eliminadas. El público no votó por ellas. ¿Cómo es posible que las mejores voces queden fuera? ¿Cómo es posible que el público no reconozca estas potentes voces?

Esto es equivalente a reconocer que Julio Iglesias tiene, por mucho, más discos vendidos que Plácido Domingo. Que Alejandro Fernández tiene muchos más adeptos que nuestro reconocido tenor de fama internacional Ramón Vargas.

A mi juicio, el factor que tronó a mis favoritas del concurso es el del carisma. Una potente y encantadora voz puede gustarnos a algunos pocos que disfrutamos de este tipo de voz, pero el público en general tiene otras preferencias y a la hora de elegir, el público manda. La arrolladora fuerza de la multitud define a los triunfadores.

Hace algunos años, en un concurso semejante realizado en Inglaterra, el “Britain’s Got Talent” destacó el éxito deslumbrante de una ama de casa con apariencia humilde y muy lejos de brillar en el escenario, pero conquistó al público de forma definitiva: Susan Boyle.

El carisma es inexplicable, surge de la manera más inesperada. Vemos a una serie de personas y de repente sucede que alguien nos atrae por “algo” en particular. Los griegos llamaban a ese algo “don divino”, atracción, encanto, simpatía, gusto y por supuesto, es definido por la mayoría, pero no es universal.

Malcolm Gladwell en su famosa obra “The Tipping Point” relata una serie de experimentos realizados en distintas universidades para dar lugar a lo que él llama “la ley de los especiales”. Nos dice “se trata de gente que está a nuestro alrededor y que podemos encontrar en cualquier sitio, pero pocas veces somos conscientes de la misión crucial que desempeñan en nuestra vida. Son conectores naturales que poseen el don instintivo para establecer buenas relaciones sociales. Les gusta la gente y se acercan a cuanta persona pueden”.

En un estudio se tomó a las tres cadenas de noticias más importantes de los Estados Unidos CBS, NBC y ABC con sus respectivos comunicadores. Se les grabó mientras hablaban de los candidatos presidenciales, Michael Dukakis y George Busch, descubriendo que las referencias a este último siempre eran acompañadas de gestos aprobatorios, de cierta simpatía. Luego, una vez definida la elección, se midió el impacto y se comprobó que quienes veían los noticieros más afines a Bush le habían otorgado su voto, sin darse cuenta de la influencia de los comunicadores.

Tal vez podríamos hacer asociaciones en México de qué sucedió en la elección presidencial de 2012 ¿Cuál era el mensaje no verbal trasmitido por Joaquín López Dóriga a la hora de mencionar a Andrés Manuel López Obrador, Enrique Peña Nieto, Josefina  Vázquez Mota y Gabriel Quadri de la Torre? ¿Puedes adivinar la respuesta?

Por supuesto que los mensajes verbales trasmitidos de carácter político no pueden ser escritos con la intención de influir, pero el lenguaje no verbal es tácito y sólo un experto estudioso podría descubrir las diferencias.

Los buenos vendedores utilizan con fuerza y determinación el lenguaje no verbal para persuadir a sus clientes. Se considera que poseen una habilidad psicológica esencial para ir más allá de las palabras y los gestos explícitos para conseguir sus propósitos. En algún nivel del subconsciente no hay quien se resista a su fuerza persuasiva. Ese carisma “don divino” que provoca el gusto por tratar con esas personas y no con otras.

Ese contagio emocional que a veces llamamos empatía, hace la diferencia para tener éxito o estar esforzándonos con demasía y no lograr los resultados que anhelamos. Así tenemos que en el caso de mis cantantes favoritas, Sisaundra y Audra, mientras más fuerte cantaban y hacían gala de su portentosa voz, menos adeptos conseguían, a diferencia de los otros cinco cantantes que con menos voz pero con más simpatía, lograron los votos ansiados de la mayoría del público.

Ello nos lleva a reconocer que este factor imperceptible del carisma determina, inocentemente, la mayor parte de nuestras decisiones a la hora de elegir a un candidato a puesto político o si le compramos a un vendedor o a otro. No es al que se esfuerza más, es el que mejor nos cae, el que nos conquista con su “don divino”.

Alfredo Esponda Espinosa
www.elarningcencade.com
alfredo-esponda@cencade.com.mx

1 pensamiento en “LA FUERZA DEL CARISMA”

  1. Me acabas de dar una buena lección sobre los motivos de elección y el desempeño de los vendedores. Excelente analogía para explicarlo.

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