Líder que Deja Huella

Escucha el podcast:  Líder_Deja_Huella

Tomé un taxi en Tuxtla Gutiérrez y como siempre, me puse a conversar con el taxista. Era la temporada de elecciones de presidentes municipales, de este modo, el tema surgía con naturalidad. No tuve necesidad de preguntar, el taxista se soltó.

Usted cree, que fui a un mitin del candidato y tuve oportunidad de preguntarle, ¿qué nos ofrece al pueblo? El candidato me contestó: “vamos a poner iluminación en calles oscuras, tapar baches, arreglar banquetas y siguió con otras cosas semejantes. Entonces le dije: no, esas son sus obligaciones, yo quiero saber qué nos ofrece al pueblo. Y ya no me contestó nada, se hizo pato”.

Me encantó la experiencia. Un taxista planteando que un candidato político no puede ofrecer que va a cumplir con sus obligaciones, sino que debe ofrecer algo especial a sus votantes. Ir más allá de lo común y corriente. Más allá de lo que debe cumplir.

Un líder tiene que proponerse proyectos que dejen huella, aunque sea uno, pero que lo trascienda.

Allá por octubre de 2012, cuando en México ya teníamos Presidente Electo, nos visitó John Major, el que fuera Primer Ministro de la Gran Bretaña. En una reunión pública, un periodista le pidió que brindara algún consejo al Presidente Electo. Major solo dijo una cosa: “recordarle que siempre tenga presente que seis años pasan muy rápido”.

En el mundo de los negocios y de la política abundan líderes que se dejan absorber por la rutina y las exigencias de la cotidianeidad. Se les va un año, luego dos, y así pasan los años y lo único que logran es salir adelante, en algunos casos exitosos consiguen crecer más que el promedio general. Pero, ¿dónde queda la huella de su paso?

En la ciudad de México hubo una vez un Regente (así se les decía a los gobernantes) que bombardeó la ciudad, tumbó casas, hizo hoyos por todos lados, despertó un clamor popular que reclamaba las dificultades para transitar o el pago injusto por su propiedad derribada. Sin embargo, triunfó y dio a la ciudad lo que hoy conocemos como “ejes viales”.

¿QUÉ SERÍA DE LA CIUDAD DE MÉXICO SIN SUS EJES VIALES?

Ese regente supo manejar la oposición al cambio. Pronunció más de mil discursos en asambleas, asociaciones, cámaras empresariales, colegios y universidades para convencer de la impostergable acción de corregir la forma caótica en que había crecido la ciudad para darle posibilidad de circulación.

Claro, se trataba de un gran orador, con una capacidad inmensa de persuasión, derivado de su formación como profesor rural, fue el profesor Carlos Hank González.

En la ciudad de Monterrey se hizo algo semejante, verdaderamente espectacular. Se tiraron casas y edificios, con la clásica oposición al cambio, pero hoy los ciudadanos regiomontanos se sienten orgullosos de su MACROPLAZA.

Ambos proyectos le cambiaron la fisonomía a dichas ciudades, pero algo más: provocaron el suficiente impacto para más cambios. Crearon un nuevo estado de ánimo. Esa es una consecuencia natural de un cambio exitoso: provoca más cambios.

Acabo de tener la enorme oportunidad de visitar Austria y Hungría. Me maravillé ante la magnitud de obras arquitectónicas, esculturales y pictóricas que existen. La familia Habsburgo con su dominio de varios cientos de años dejó obras que muchas generaciones han contemplado con asombro por su belleza. Son incontables los monumentos y las obras de arte. Es oportuno recordar que estos poderosos siempre estuvieron en guerra, pero se dieron tiempo para dejar huella que hoy llena de orgullo a los austríacos y a los húngaros.

Todos los gobernantes son sometidos al juicio de la historia. Todos los líderes son juzgados por su legado. El tiempo pasa y roba con sus urgencias la concentración y los recursos disponibles, pero si un líder no está consciente de que TIENE QUE llevar a cabo algún proyecto que signifique un impulso al progreso de lo que está bajo su responsabilidad, será rápidamente olvidado. La historia no perdona.

En la vida empresarial sucede algo semejante. Todos los días hay que concentrarse en las ventas, en la mercadotecnia, en la búsqueda de nuevos clientes, en reducir costos, en encontrar proveedores eficientes, cumplidos y más baratos, dedicar tiempo a la atracción de talento, al desarrollo del personal, a la productividad, etc., etc.

Entonces, a la vez que se atiende lo urgente, se encuentra tiempo y recursos para lo que es importante. Un proyecto trascendente cada año puede ser suficiente, sin desatender lo cotidiano. Puede ser una nueva línea de negocios, llevar a la empresa a certificarse en ISO 9000 y en otras normas (estándares) que le son aplicables, ganarle al competidor un cliente con gran capacidad de compra y de pago, una fusión con otra empresa, o lo que sea, pero que haga posible recordar que en un año en especial se logró algo espectacular. Esa es la huella del líder.

Un ejemplo práctico que ilustra claramente este mensaje es el de mi amigo consultor César Izazola quien acaba de recibir la certificación como Coach Ejecutivo y Organizacional otorgada por la World Coaching Corporation de Miami. César, al mismo tiempo, durante más de un año tuvo que sacar adelante su trabajo como consultor. Lo valioso es que se dio tiempo para realizar un proyecto trascendente.

Recibe mis mejores deseos por una inspiración atinada que te lleve a conceptualizar el proyecto transcendente de este año. Luego, vendrán otros. Concéntrate en lo prioritario. No te disperses.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

RECUERDA, NADA CAMBIA, HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y ESE ES UN LÍDER ¿ACASO ERES TÚ?

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

P.D. Te invito a suscribirte al Blog (gratis y sin compromiso)

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.