Líder que Hace Olas

Es frecuente escuchar la frase: “no hagas olas”, como una advertencia del riesgo que corre quien propone un cambio, por pequeño que sea. La incrustación de esta idea en la cultura de una organización la conduce a la parálisis, hasta llegar a la esclerosis múltiple, nadie intenta nada nuevo.

Nada hay más trágico que una organización donde todo permanece igual, con aguas quietas, sin movimiento. Aburrirse se vuelve la costumbre. La inercia conduce los acontecimientos cotidianos. Esto permanece así hasta que el mercado descalifica a esa organización y entonces, sí, hasta entonces, a moverse, pero…es demasiado tarde. El naufragio queda al descubierto.

Proponemos la necesidad, la urgencia, de que en cada organización existan líderes a todos los niveles y que asuman su carga de responsabilidad haciendo olas. Es imperativo crear una cultura de innovación constante, pero la precondición viene a ser la existencia de líderes con iniciativa, líderes capaces de cuestionar lo existente y de proponer lo inexistente.

¿De dónde sacamos líderes con espíritu y capacidad de correr riesgos? Por supuesto, de la misma organización, pero hay que trabajar en ello. No hay generación espontánea en esto. Por algo, el padre del movimiento internacional de la calidad, el Dr. Edwards Deming, enunció en uno de sus catorce principios de la calidad, el ocho: eliminar el miedo.

Su argumento central es en el sentido de que allí donde hay miedo, la gente oculta sus errores. Si nadie es capaz de decir “me equivoqué en esto…”, entonces “nadie es culpable” y cuando se descubren las fallas están convertidas en problemas de dimensiones inmanejables.

La raíz del asunto está en crear una cultura de confianza, donde sea posible intentar algo inusitado, aunque se pueda fallar. Es histórica la anécdota de Thomas Watson el fundador de la IBM. Cuando se enteró que un vendedor había cometido un error que le costaría a la empresa un millón de dólares, mandó a llamar urgentemente al vendedor responsable de la pifia.

 

El vendedor temeroso, se presentó ante Watson. Éste lo recibió con una cadena de preguntas: ¿cómo fue?, ¿por qué incurrió en el error?, ¿qué podría haber hecho para evitarlo?, ¿cómo reaccionó el cliente?, ¿qué sugería para que un error semejante no volviera a presentarse?, etc., etc.

 

Después de responder a las preguntas de la mejor manera que pudo, el vendedor le dijo a Watson: “por eso señor, aquí traigo escrita mi renuncia”. Watson exclamó:” ¡Cómo!, ¿dejarlo ir después de que la empresa ha invertido un millón de dólares en su aprendizaje? Nunca”.

Sin duda una gran enseñanza para cualquier líder que desea generar una cultura de innovación basada en la confianza. Sólo así podemos aspirar a tener líderes dispuestos a hacer olas.

 

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¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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