Líder Responsable de Balancear Felicidad y Productividad

El jueves anterior me propuse desarrollar un tema profundo, estaba tan entusiasmado que cuando lo terminé me percaté que ya eran las diez y media de la noche. Todos los compañeros de la oficina se habían ido retirando poco a poco y me quedé solo, sin darme cuenta.

Lo interesante es que cuando cerré la oficina y entré al elevador di un grito de alegría, me invadía una enorme satisfacción y me sentí como si fueran las nueve de la mañana. Me sentía con energía y gusto para comenzar cualquier actividad.

Mi estado de ánimo me confirmó lo que leí hace algunos días. El concepto de fluidez: cuando uno está plenamente comprometido con la actividad a realizar, el tiempo vuela. Desaparece la sensación de esfuerzo”.

El psicólogo Mike Csikszentmihalyi de la Universidad de Stanford formuló el concepto de “flujo” y lo asocia con la felicidad. Se doctoró y se dedicó a descubrir la clave para obtener de manera científica lo mejor del ser humano.

¿Puedes imaginarte la fuerza de este planteamiento? ¿Ser productivo y de esta manera conseguir la felicidad? A mí personalmente, me deja maravillado.

Las preguntas asociadas le dispararon la búsqueda: “¿cuándo se detiene el tiempo para usted? ¿En el momento en que se halla haciendo exactamente lo que quiere y no desea que la situación se acabe? ¿Se trata de pintar, o hacer el amor o jugar al voleibol, o hablar frente a un grupo, o escuchar con empatía los problemas de otra persona?”

Valdría la pena que usted, en este momento, cerrara sus ojos y tratara febrilmente de encontrar la respuesta más acertada a su caso:

¿Cuándo se detiene el tiempo para usted?
¿Cuál actividad lo absorbe de tal manera que no quiere que se interrumpa?

Para un auténtico vendedor puede ser el momento de cerrar un trato con un cliente. Para un investigador puede ser el momento en que descubre un concepto que andaba buscando. Para un médico puede ser el instante en que da con el diagnóstico acertado que lo conduce a sanar a un paciente en un caso inusual y delicado. Para usted ¿cuál es esa actividad?

Según el autor mencionado los componentes de un momento de flujo son:

  • La tarea constituye un reto y exige habilidad.
  • Nos concentramos.
  • Existen objetivos claros.
  • Obtenemos una respuesta inmediata.
  • Nos implicamos profundamente y sin esfuerzo.
  • Existe una sensación de control.
  • Nuestro sentido del yo se desvanece.
  • El tiempo se detiene.

Nos dice el autor que la clave de la fluidez es la falta de emoción y de cualquier tipo de conciencia. En ningún momento se experimenta placer, euforia o éxtasis. Esas emociones positivas se perciben a posteriori.

Me parece que en todo este tratamiento falta un ingrediente fundamental: la consecuencia. Es decir, si yo logro estar en el “flujo” y por tanto me siento productivo y feliz, ¿qué pasa cuando descubro que mi resultado no es apreciado o no sirve para gran cosa?

Me pongo como ejemplo: ¿cuál es la consecuencia de que yo me introduzca al flujo escribiendo este artículo y no logre satisfacer a ningún lector?

Dejo, entonces, esta reflexión: ¿cómo debo actuar para entrar al flujo y conseguir el acto completo? Se trata de ser productivo y conseguir felicidad, pero también complacencia y logros que me conduzcan a más actos de flujo. Es decir, asegurarme de entrar a un círculo virtuoso, de otra manera caería en una profunda frustración.

Ahora bien, el papel del líder consiste en balancear estas tres variables: asegurar que una tarea a enfrentar se le encarga a un colaborador que sí posee las capacidades para desarrollarla eficaz y eficientemente y proporcionar la consecuencia.

Triángulo_Consecuencias

Cuando la persona asignada recibe la tarea y se siente feliz por el privilegio de sacarla adelante, ya sea conquistar a un cliente difícil, redactar un contrato, capacitar a un grupo de personas o cualquiera otra, entonces puede realizar una inmersión profunda que la conduzca al estado de flujo. Si no hay esa capacidad y ese gusto, será difícil alcanzar dicho estado.

El colaborador que encara un encargo debe sentirse completamente capaz de realizarlo a plenitud, con placer y una vez lanzado al agua comienza a nadar de tal manera que tan solo se deja llevar por el sentimiento de flujo que circula en su interior. Esa entrega profunda le producirá una intensa sensación de orgullo y felicidad al terminar el encargo.

Pero no es suficiente, al jefe le corresponde estar al pendiente para proporcionar las consecuencias adecuadas al esfuerzo, ya sea una palmada en el hombro, una felicitación enfática, una remuneración extra o un ascenso. La consecuencia es responsabilidad del jefe y no puede fallar al realizarla. Lo peor que puede suceder es que la ignore, o que le salga con el clásico “era tu obligación hacerlo”.

Finalmente, este triángulo que se presenta al relacionar la capacidad y la felicidad con la consecuencia derivada, puede hacer que una empresa entre a una espiral ascendente de productividad acompañada por un excelente clima laboral.

El líder debe cumplir esta responsabilidad con la mayor inmediatez posible, debe actuar con la consecuencia lo más cercano posible al momento en que se culmina la tarea. Si lo deja para después perderá impacto y no cosechará las ventajas enormes de tener a un colaborador en estado de flujo. Digno de ser imitado por sus compañeros de trabajo.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

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Alfredo Esponda Espinosa
alfredo-esponda@cencadedigital.com

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