Liderazgo Opaco

Líder_Opaco

 

A un año y medio de haber asumido el mando, el Jefe de Gobierno de la Capital de la República Mexicana ha echado por tierra el excelente porcentaje de aprobación (70%) que le brindaba la ciudadanía al comienzo de su gestión.

Según encuestas ya no consigue arriba del 33%. Estos datos han propiciado una catarata de artículos periodísticos comentando el suceso. Tomo algunas de las ideas expresadas por el intelectual Jesús Silva-Herzog Márquez en su comentario intitulado Foco Fundido.

Nos dice Silva-Herzog: “El jefe de Gobierno es impopular porque, en una gestión tan complicada como la del Distrito Federal, ha sido incapaz de imprimir un sello de identidad a su mando…la gestión capitalina es incolora. Carece de personalidad, de un discurso medianamente coherente, de un sentido mínimo de dirección. No ha acertado a decirle nada a los capitalinos y mucho menos a quienes viven lejos de la Ciudad de México. Es una burocracia sin misión”.

 

Por supuesto, el artículo es extenso y lo único que hago es resaltar frases congruentes con mi mensaje. Como ciudadano de esta ciudad, padezco las angustias de circular en calles obstruidas, carentes de iluminación y caracterizadas por un ambiente de inseguridad.

Tenemos que aceptar que, a veces, un líder asciende a una posición de máxima importancia sin haber tenido el tiempo de integrar un equipo preparado y comprometido. Un líder necesita muchos colaboradores y éstos deben creer en la misión y en el mensaje, si no es así está en problemas.

¿A qué viene todo esto? ¿Acepta la trascendencia del liderazgo? Si alguien es un líder opaco, gris, deficiente o pésimo, el impacto de su ineptitud recae sobre  él  mismo (se autocondena a la mediocridad) o perjudica a un círculo pequeño de subordinados directos (pobres de ellos, no se merecen un jefe así, pero lo tienen que soportar).

En cambio, un líder político causa un impacto gigantesco. A veces, causa más daño que una bomba atómica. Condena al sufrimiento diario a miles o millones de personas, depende de lo amplio que sea su círculo de influencia y, si no cree en lo que le digo, pregunte a varios  millones de venezolanos y argentinos.

¿Tiene remedio?

¿Coincide con mi punto de vista?

El estudioso del tema del liderazgo, Warren Bennis, plantea que un verdadero líder nace dos veces. La primera vez, al igual que usted y yo, nace natural pero es inventado por las circunstancias. Hemos visto con mayor frecuencia de la deseada, a jefes, gerentes, directores que son improvisados, pero allí están, a cargo de tareas importantes. En México vivimos un caso así en 1994 cuando la trágica muerte del candidato presidencial, Colosio, empujó a la Presidencia de la República al economista Ernesto Zedillo Ponce de León. ¿Quería él ser Presidente de la República? No lo sabemos, ni lo sabremos nunca.

Lo verdaderamente importante es el líder que nace por segunda vez como producto de su propia creación. Hay un momento en la vida de cada persona en que se ve enfrentado con situaciones dolorosas que le quiebran el ánimo y lo hunden. Instante de reflexión profunda donde se da contra la pared, aquello en lo que él o ella han invertido su tiempo y su dedicación no le está dando los frutos que esperaba, ya sea por culpa propia o porque está desfasado, su tiempo ya pasó.

Nietzche en Así Hablaba Zaratustra nos sentencia:”cuidado con lo que deseas, que mañana va a ser tuyo”. A veces lo logramos y cuando lo tenemos no es lo que deseábamos. Como cuando escogemos mal a la compañera de nuestra vida o nos equivocamos en la elección de carrera profesional o nos metemos a una empresa donde “no nos hallamos”, donde no vemos futuro.

En una condición así, sin duda, caemos en una profunda decepción de la vida y de nosotros mismos. Nos sentimos arrinconados, la frustración cae como una lápida sobre nuestra espalda y nuestro corazón se siente partido en mil pedazos. ¿Qué hacer?

No queda más remedio que reinventarnos, reconstruirnos a nosotros mismos. Nadie lo va a hacer.  El camino tenemos que encontrarlo, descubrirlo y por qué no, construirlo. Somos nosotros mismos  nuestra propia solución. Hemos de convertirnos en líderes de nuestro destino.

Un líder que nace por segunda vez, o por tercera, o las veces que sea necesario, arranca desde las profundidades de su ser, con un autoanálisis  objetivo y establece  sus conclusiones para decidir el camino que ha de tomar. Un viraje difícil de realizar pero que, irremediablemente, hay que llevar a cabo, a veces doloroso, pero debe dar lugar a una nueva ilusión.

Decide dejar de ser un líder opaco, para transformarse en un líder brillante, transparente, reconocido, con una profunda fe en sí mismo y una determinación que no conocía antes. Se vuelve más arrojado y decidido, con una visión de futuro amparada en un compromiso interno que lo impulsa. A partir de ese momento su carrera se dispara, sus logros están a la vista de todo mundo y su satisfacción personal está coronada por un orgullo legítimo.

La gran pregunta que debemos hacernos es ¿tenemos que esperar una desgracia enorme para reaccionar? Por supuesto que no. HOY es el día de la reinvención de nosotros mismos. Este es el momento para actuar. Transformemos nuestro presente para asegurar un futuro esplendoroso, cuajado de logros que nos provoquen la satisfacción que anhelamos.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

¡QUE LA FUERZA DE TU INSPIRACIÓN GUÍE TUS PROYECTOS!

 

Alfredo Esponda Espinosa
alfredo-esponda@cencadedigital.com

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