Líderes Políticos: ¿Hay en Quien Confiar?

Estamos tan acostumbrados a ver a nuestro alrededor que llegamos al punto en que profundizamos en la creencia de que todos los males son exclusivos de nuestra sociedad.

Mayo de 2015 resulta un caso ejemplar. Las noticias que nos llegan de otros puntos del planeta, en tan sólo un mismo mes, son dignas de reflexionar.

Comencemos por la estrella. Tiene muchos años que admiramos a Chile como un país ejemplar. Hemos sabido de sus carabineros honestos que no aceptan mordidas. De un régimen gubernamental intachable.

Es el caso que la exitosa socialista que gana la presidencia por segunda vez, Michelle Bachelet, toma la decisión drástica de pedir la renuncia a todo su gabinete después de 14 meses en el poder. “El anuncio corresponde a las acusaciones de corrupción que han afectado a su gobierno en los últimos meses. Su hijo, Sebastián Dávalos, renunció a su puesto tras ser señalado de traficar influencias para una entidad financiera a cambio de un préstamo inmobiliario” (entendamos, para comprar su casita).

Sus declaraciones como Presidenta de la República nos suenan familiares (¿o no? “creo que nuestros ciudadanos hoy día exigen un estándar ético mucho más elevado y yo como Presidenta me voy a hacer cargo. Vamos a tomar todas las medidas para que, afecte a quien afecte y pase lo que pase, nuestro país pueda confiar en sus instituciones”.

Esto suena igual, pero ligeramente distinto a nuestro “llegaremos hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga”. De todos modos no cae nadie. Al menos así sucedió con el caso de la Guardería ABC en Sonora y con la Línea 12 del Metro en el Distrito Federal. Los meses pasan, los años pasan y… no cae nadie.

Otro caso es el que durante mucho tiempo (2003-2010) fue admirado por todo el continente. El entonces presidente Luiz Inacio Lula da Silva quien elevó a niveles insospechados a Brasil, como consecuencia de tres buenas coincidencias: la plataforma que le dejó el presidente anterior, el brillante economista Fernando Henrique Cardozo, el auge de China como comprador de materias primas brasileñas y el crecimiento de Petrobras. Por supuesto, amparado en su enorme carisma.

La revista Time publicó que Lula apoyó a la constructora Odebrecht para conseguir financiamientos oficiales por 4,100 millones de dólares para realizar proyectos en países afines a su Partido de los Trabajadores (PT). Esa constructora está siendo investigada, además, por actos de corrupción relacionados con sobornos para conseguir contratos con Petrobras.

La presidenta Dilma Rousseff está siendo investigada para ser sometida a juicio político por malversación de fondos por 2,100 millones de dólares en Petrobras. (¿Por qué gustarán tanto las empresas petroleras para hacer fraudes?).

La nota de The Wall Street Journal nos dice “la mandataria no puede postularse a un tercer mandato, pero los escándalos de corrupción y la crisis económica pueden mermar las probabilidades de que su partido (PT) mantenga el predominio. Se espera que Lula sea el candidato para el 2018”.

Por su parte, de Guatemala nos llega la noticia de que “el presidente Otto Pérez Molina despidió ayer a tres miembros de su gabinete, en un intento de calmar las protestas que desde hace varias semanas exigen su renuncia por escándalos de corrupción”. Por supuesto el presidente hace el sordo y afirma “seguiré hasta el fin de mi mandato. Habrá nuevos cambios en los próximos días”.

Un sociólogo guatemalteco, Luis Mack, afirmó “todo apunta a que va a ser difícil que el Presidente termine su mandato. Está acorralado y sin capacidad de maniobra”.

En Panamá, la gestión del presidente Ricardo Martinelli se caracterizó por impulsar un repunte económico que hizo crecer al país por arriba del 10 % anual en 2011 y 2012. Ahora, el ex Mandatario enfrenta un proceso judicial en su contra por malversación de fondos que podrían ascender a 45 millones de dólares. Se encuentra fuera del país.

Después de que Martinelli dejó el poder, se ha revelado una serie de escándalos de corrupción en la que están implicados políticos, jueces de la Corte Suprema y miembros de la policía”. Uno de los afectados, el exministro de economía y finanzas, fue detenido por presunta malversación de fondos.

En Argentina la exministra de economía, Felisa Miceli, fue sentenciada por encubrimiento agravado y sustracción de documentos públicos.

En Jerusalén, el expremier Ehud Olmert (2006-2009) fue sentenciado a ocho meses de prisión y a pagar 25 mil dólares por corrupción agravada. Además, enfrenta otra condena por fraude.

En España, la nueva fuerza política emergente en las elecciones de mayo de 2015 condiciona su apoyo al presidente Rajoy a que “firmen su decálogo anticorrupción, plataforma que incluye la separación inmediata de cualquier cargo a imputados por corrupción política”. Por supuesto que Rajoy quiere el apoyo, pero no está dispuesto a aceptar dichas condiciones (¿alguna preocupación?).

El Vaticano sufre por la compra irregular de un castillo a cargo de Monseñor Vincenzo Paglia, presidente del Consejo Pontificio para la Familia. Están siendo investigados varios jerarcas de la institución por manejos poco transparentes.

Belaúnde Lossio, ex asesor de campaña del presidente peruano Ollanta Humala, fue acusado de haber obtenido contratos públicos ilegales para empresas con las que estaba vinculado personalmente (¿suena familiar?). Huyó a Bolivia y allí lo apresaron, pero ayer escapó y provocó la caída del Ministro de Gobernación boliviano, Hugo Moldiz, acusado de complicidad junto con unos policías.

Lo grave es que el cuestionamiento a los mandatarios hacen que la credibilidad de la sociedad caiga por los suelos. Bachelet al nivel de un 30 % de aprobación y Roussef a un 15 %. Para gobernar y poder impulsar proyectos en beneficio de la sociedad se requiere de su apoyo, cuando falta, todos perdemos.

Es digno de notar que no tenemos noticias de actos de corrupción de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y otros países, simplemente porque carecen de mecanismos para destapar la corrupción. Los encubrimientos son parte del sistema.

José del Tronco, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, comenta que “hay una percepción de deterioro en la calidad de las instituciones…y como consecuencia, la confianza de los ciudadanos por sus gobiernos ha disminuido”.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

NADA CAMBIA, HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA: UN LÍDER ¿TÚ?

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

P.D. No olvides leer el Reporte Especial INTRAPRENEUR.

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