Nunca es Tarde para…

Escucha el podcast: Nunca es Tarde para…

 

¿Para cuándo harás lo que te propones? Cada comienzo de año nos llenamos de buenos propósitos. Sobreviven las primeras dos o tres semanas y luego pasan al olvido. ¿Qué has dejado pendiente?

 

A continuación te expongo un caso ejemplar de cómo una persona no tiene límite para llevar a cabo su propósito. Algo debemos aprender de esta historia.

 

Se trata de un hombre que vivió anhelando “una sola oportunidad, Dios mío, dame una sola que yo la aprovecharé”. Sus padres fueron muy pobres, llegaron a Estados Unidos en calidad de inmigrantes, eran de origen checo. De modo que a los 16 años se metió a la Cruz Roja a tomar un curso para conducir ambulancias y ser enviado al frente de batalla durante la Primera Guerra Mundial. Cuando estaba listo se terminó la guerra y volvió a quedarse sin trabajo.

 

Este hombre que nació el 5 de octubre de 1902 en Oak Park, Illinois, Estados Unidos, llamado Raymond Kroc (Ray Kroc) comenzó a vender limonadas de niño, luego de joven vendió vasos de papel y después licuadoras que tenían la versatilidad de hacer cinco batidos simultáneos. Sólo estudió el equivalente a la secundaria.

 

En todo ese proceso hizo un poco de dinero y vivía bien, pero no estable, con ingresos fluctuantes, como sucede con todo vendedor que basa sus ingresos en las comisiones. Recorrió los Estados Unidos para vender sus licuadoras. Así pasó los primeros 52 años de su vida, pero estaba ante el umbral de la gran oportunidad que tanto anhelaba.

 

Ray Kroc trabajaba arduamente, siempre atento a su negocio y todo lo que sucedía. Fue un día especial cuando recibió un pedido de ocho licuadoras de un negocio que él decidió investigar el porqué de un pedido tan grande. Al asomarse a un restaurant pequeño, tipo fonda, que vendía hamburguesas descubrió lo inusitado: filas para comprar y una gran rapidez para despachar las hamburguesas, papas fritas y los licuados. No tenía mesas, ni las necesitaba. Los clientes comían en sus coches o de pie.

 

Ray Kroc que visitaba miles de clientes semejantes, nunca vio un servicio tan rápido y una clientela tan satisfecha con el servicio. De inmediato percibió que estaba ante un negocio especial y sintió que él tenía que ser parte.

 

Lo que Ray descubrió se llamaba Speedee Service System del Restaurant McDonald ́s. Habló con sus dueños Richard y Maurice McDonald, les pidió hacerse cargo de la comercialización, llegaron a un acuerdo. Los hermanos McDonald ya habían intentado expandirse estableciendo siete franquicias, pero no les funcionó. Ellos ansiaban juntar un millón de dólares para retirarse. Aceptaron la propuesta de Ray porque no pidió ningún sueldo, únicamente comisiones sobre lo que vendiera.

 

El negocio lo fundaron en 1940 y quince años después, en 1955, sólo contaban con ese establecimiento. Aunque habían comenzado en 1937 con un carrito callejero de hotdogs.

 

Ray se metió a fondo a estudiar la forma en que funcionaba el Speedee Service System. Los hermanos McDonald tomaron la idea de la línea de montaje que armó Henry Ford en la fabricación de automóviles. Se dice que en una cancha de tenis hicieron un lay-out con el diseño completo del negocio y comenzaron a perfeccionar el sistema de servicio rápido.

 

Ray se propuso hacer del “System” un meticuloso sistema de trabajo, con tiempos y movimientos claramente definidos. Estableció un conjunto de políticas y una firme filosofía de servicio al cliente. Elaboró manuales detallados y diseñó la forma en que habrían de ser capacitados quienes estuvieran en su franquicia, esto se convertiría años después en la Universidad de la Hamburguesa, tal vez, la primera auténtica universidad corporativa. Estaba en acción la obsesión por el detalle de Ray.

 

Estableció la primera franquicia en 1955, dos años después de tomar contacto con los hermanos McDonald’s y haber perfeccionado el sistema. Esta primera franquicia la fundó en Chicago y con su característica determinación comenzó a vender franquicias llevándose el 1.9 %, del cual la mitad era para los hermanos.

 

Después de un par de años y más de 100 franquicias operando se frustró porque no ganaba lo suficiente. Lo abordó un asesor financiero (Harry Sonnenborne) que le sugirió convertirse en el propietario del terreno donde se establecieran las franquicias y que les cobrara renta.

 

Ese fue un punto de inflexión que le proporcionó el capital suficiente como para comprar todo el negocio a los McDonald. Ellos no querían vender, pero la oferta de 2.7 millones de dólares los convenció. Después de todo era más del millón que anhelaban.

 

En la Revista Fortune de agosto de 2019 donde figuran las 500 empresas más grandes de los Estados Unidos, en el número 149 figura McDonald’s con ventas de 21,025 millones de dólares de 2018, utilidades de 5924 millones y activos por 32,811 millones de dólares. Lo que Ray Kroc compró por 2.7 millones en 1961. Se estima hay más de 50,000 franquicias en 120 países.

 

De manera injusta, en Internet hay escritores que consideran a Ray Kroc como un gran estafador. A mí me parece que pagó el precio que valía la idea original en ese momento y es mérito suyo el haber establecido un sistema de franquicia que impulsó su desarrollo. Los hermanos McDonald tuvieron un excelente planteamiento de ingeniería de procesos, pero carecieron de la visión para llevar esa idea al plano mundial.

 

Finalmente, ¿cuántos años te faltan para llegar a la edad en que comenzó Kroc? ¿53 años no te parecen suficientes como para explotar toda la experiencia que tienes? Nunca es tarde para cristalizar tus sueños. Vamos, ¡inténtalo! Suerte.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

RECUERDA: NADA CAMBIA HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y ÉSE…ES UN LÍDER. ¿ACASO ERES TÚ?

 

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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