Plan de Vida en Nueve Pasos

Si vemos un modelo 2015 de Smartphone podemos diferenciarlo fácilmente de otro modelo de años anteriores. Si vemos un automóvil último modelo podemos diferenciarlo de otros atrasados. ¿Cierto?

A la mayoría nos resulta muy fácil comparar versiones de producto según el modelo de que se trate, pero ¿qué sucede cuando tenemos que comparar modelos abstractos? ¿No es cierto que nos  resulta mucho más difícil poder hacerlo?

Es el caso que en ciertas materias, como por ejemplo, planeación estratégica, prospectiva, procesos, sistemas de control de calidad, sistemas gerenciales o de cualquiera otra clase ya nos resulta difícil, a veces, diferenciar unos de otros. Algunos suelen decir “es lo mismo” o “es lo de siempre”.

 

Esto viene a colación porque en el tema de plan de vida contamos ahora, con una herramienta poderosa. En una ocasión renuncié a mi trabajo, por motivos varios, teniendo la necesidad de enfrentarme a una decisión crucial ¿y ahora qué hago?

Recuerdo que me puse a llenar tarjetas blancas de 3 x 5 cms donde anoté todas las experiencias relevantes en mi vida y que me habían producido satisfacción y orgullo por haberlas realizado muy bien. A partir de allí fui buscando denominadores comunes hasta encontrar tres que se repetían.

Una vez identificados esos factores clave en mi vida, impulsores, comencé a encontrar maneras de explotarlas con algún trabajo concreto y así fue como elegí dedicar el resto de mis días a la consultoría y capacitación en negocios. Descarté otros tipos de capacitación y por supuesto otros negocios.

El caso es que ahora contamos con un excelente método planteado por Tim Clark, a partir de los trabajos de Alexander Osterwalder e Yves Pigneur. Su libro se intitula: Tu Modelo de Negocio.

Tim Clark nos muestra nueve pasos y nos ayuda a desarrollarlos paso a paso, de una manera sumamente didáctica:

  1. ¿Qué ayuda ofreces? Alrededor de esta pregunta, surgen otras: ¿qué sabes?, ¿en qué eres experto?, ¿en qué tienes experiencia?, ¿cuáles han sido tus logros?, ¿en qué momentos has sentido que te hierve la sangre de emoción?, ¿qué te hace sentir apasionado?, ¿en cuáles ocasiones tus amigos te han felicitado porque has realizado algo sobresaliente?

Un caso ilustrativo que conozco es el de un contador. Se recibió joven y comenzó a trabajar, pero en ningún momento dejó de estudiar. Fue incrementando su valor como profesionista al tomar cursos de impuestos, de análisis de estados financieros y, para mí lo más admirable, varios cursos de Excel, hasta alcanzar un dominio sobresaliente sobre la herramienta. De modo que su respuesta a la pregunta ¿qué ayuda ofreces? Se convirtió en una respuesta de alto valor.

  1. ¿A quién ayudas? Esta pregunta nos ayuda a dirigir nuestro ofrecimiento a un grupo especial y no a todo mundo, equivale a la segmentación que debe realizar toda empresa.

Regreso al caso elegido: este contador comenzó como analista de contabilidad en una empresa pequeña, de allí saltó a analista de costos. Años después fue gerente de contabilidad y llegó el momento en que esa empresa le quedó chica. Se contrató como gerente de impuestos en un corporativo de doce empresas.

  1. ¿Quién eres y qué tienes? Aquí desarrollas tus competencias y habilidades. Tus contactos personales y profesionales y otros recursos tangibles e intangibles que poseas y que te proyecten de manera especial. Toma en cuenta la personalidad que has desarrollado. Toma en cuenta tus intereses primordiales.

El caso: este contador descuidó el aspecto de su personalidad, creyó que con sus diplomas y conocimientos certificados eran más que suficientes. Sus deficiencias en personalidad, el no haber cultivado su trato con los demás se empezó a convertir en un obstáculo para su ascenso.

  1. ¿Qué haces? ¿Cómo usas tus competencias y habilidades? ¿Cuáles son las tareas esenciales que realizas? Enumera todas las tareas que llevas a cabo y descubre la actividad más importante, aquella que al realizarla te permite darle valor a la persona que ayudas. Resalta las actividades que te hacen diferente de otras personas, las que te destacan.

El caso: para nuestro contador resulta sumamente destacable la realización de todas las tareas contables a nivel de excelencia. Desde que inició su carrera trabajó de apoyo a contadores. Tenía vivencias útiles.

  1. ¿Cómo te conocen? ¿Qué medios utilizas para darte a conocer? ¿Cómo saben las distintas personas en qué puedes ayudarles? ¿Cómo resaltas tus diferencias con respecto a otros que hacen lo mismo? ¿Cómo realizas el seguimiento para saber que tus tareas llevadas a cabo producen los resultados prometidos?

El caso: nuestro contador es un profesional en su trabajo, todo lo hace bien, pero no se asegura que las personas a quienes ayuda reciban exactamente lo que esperan. Tiene la convicción de que el único que sabe lo que esperan ellos, es él mismo, puesto que los demás no conocen a detalle los requerimientos fiscales y contables. Una gran equivocación.

  1. ¿Cómo te relacionas con aquellos que ayudas? ¿Ofreces un servicio personal, cara a cara? ¿Cómo se caracterizan tus servicios, son puntuales o continuos? ¿Te dedicas a fidelizar a las personas que ayudas? ¿Logras que ellos tengan cada vez más confianza en ti? ¿Buscas nuevas personas a quiénes ayudar?

El caso: aquí sí encontramos un déficit muy importante en nuestro contador. Es excesivamente introvertido y no le gustan las relaciones cara a cara, confía en que la calidad de la ayuda que presta hable por sí misma. Como sabemos, eso no basta. Es frecuente encontrar que los contadores son los amos de su escritorio, de su computadora, pero no les es fácil relacionarse.

Viví hace unos años una experiencia reveladora. Una de las grandes empresas trasnacionales de consultoría, contabilidad y fiscal, me contrató para su planeación estratégica. Participé un par de semanas con ellos (alta dirección). Me invitaron a su convención anual en Huatulco. En dicha convención dieron a conocer los ascensos a socios. Un participante, casi llorando, me comentó su decepción: “tengo 12 años en el despacho y no me incorporan como socio”. Cuando lo comenté con el Socio Principal me respondió lacónicamente:”ya sé de quién se trata, es buen contador, pero para ser socio hay que saber mantener relaciones de alto nivel, contadores buenos tenemos en abundancia”.

  1. ¿Quién te ayuda? ¿En quiénes te apoyas para realizar tus tareas? ¿Has creado relaciones sólidas que te pudieran brindar ayuda en caso de que la necesites? ¿Algunas de tus relaciones te buscan para conectarte con posibles usuarios de tus servicios? ¿Estás tejiendo una red profesional para intercambiar puntos de vista y enriquecer tu perspectiva?

El caso: otra vez, en este aspecto nuestro contador en cuestión tiene debilidades que debe corregir. Es muy difícil que logre cambiar un carácter de encierro que ha practicado toda su vida y de pronto, abrirse a colegas o a círculos de influencia; sin embargo, tiene que hacerlo como parte de su desarrollo profesional.

  1. ¿Qué costos representa para ti realizar tu trabajo? ¿Hay costos emocionales también? ¿Te causa estrés tu trabajo? ¿Necesitas demasiadas horas para cumplir tus tareas? ¿Te estás realizando como persona? ¿Formas parte de la élite de tu especialidad?

El caso: éste es un punto débil del trabajo de nuestro contador. Sus jornadas son excesivamente largas y descuida su familia. Esto obedece a que es el tipo de personas que piensan: “si quieres un trabajo bien hecho, hazlo tú mismo”. No le ha resultado fácil integrar un equipo de trabajo confiable, tiene que invertir demasiado tiempo checando lo que hacen otros.

  1. ¿Qué obtienes? ¿Cuáles son tus fuentes de ingreso? ¿Tus beneficios? ¿Obtienes beneficios indirectos como la satisfacción, el orgullo, el aprecio de quienes te rodean? ¿Estás rentabilizando tus esfuerzos? ¿Consideras justo lo que estás cobrando a cambio de lo que entregas?

El caso: éste es un punto fuerte de nuestro contador. Recibe un buen ingreso y reconocimiento frecuente porque saca de apuros a sus jefes. Sus conocimientos y su experiencia son  ampliamente valorados. Su conocimiento profundo de la normativa fiscal ahorra unos buenos pesos a sus clientes.

Te invito a desarrollar los nueve puntos para que cuentes con un plan de vida apoyado en un modelo de negocio, estrictamente personal. No dejes pasar el tiempo. La rutina absorbe nuestros pensamientos y acaba metiéndonos en hoyos negros que se chupan el tiempo.

Si desarrollas tu propio plan no te sucederá como aquel hombre que al llegar al final de su vida, se para frente al espejo y se dice a sí mismo: “El hombre que soy, contempla con gran tristeza, el hombre que pude haber sido”.

 

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¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

P.D. No olvides leer el Reporte Especial INTRAPRENEUR.

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