¿Por qué tienen Éxito los Charlatanes?

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El periodista John Ganz del New York Times rescata datos de un libro publicado en 1937 y que, a su vez, trae datos del Siglo XVI, todo sobre los charlatanes. Este excelente artículo me llegó gracias al notable escritor Luis Castañeda Martínez, a quien agradezco esta fuente.

La escritora alemana Grete De Francesco escribió un libro intitulado “El poder de los Charlatanes”. Por cierto que, siendo alemana, tuvo que publicarlo en Suiza en virtud a que era la época del arquetipo de los charlatanes: Adolfo Hitler. Nos dice Grete que la palabra se deriva del italiano “ciarlatano” que proviene del verbo “ciarlare” que significa: “parlotear o hablar incesantemente sin reflexión”. Los charlatanes originales eran capaces de hipnotizar a sus audiencias.

Desde el Siglo XVI nos dice que existieron en las esquinas y en quioscos de los pueblos curanderos y saltimbanquis que usaban su charlatanería para vender alguna opinión o algún elixir, desde ungüentos y pomadas hasta jarabes que podían salvar de infartos. De allí surgen los demagogos que son capaces de engatusar a todos aquellos que prestan sus oídos para escuchar maravillas de la creación hasta promesas de salvación para ingenuos.

Ganz, el periodista del NYT, hace referencia al abundante número de charlatanes que hoy invaden los medios estadounidenses, tanto periódicos como televisoras. Destaca en particular el caso del propio Donald Trump, como el más destacado charlatán de nuestro tiempo, modelo icónico de periodistas y comentaristas de televisión que hacen comentarios irresponsables.

Trump con su verborrea y sus decisiones irreflexivas está alejando a los Estados Unidos del concierto de las naciones del mundo. Se enfrenta fuertemente a líderes de gran importancia internacional, ya sea Justin Trudeau de Canadá, Emmanuel Macron de Francia o Angela Merkel de Alemania.

Pone en riesgo la paz mundial amenazando que atacará con fuerza y furia al dirigente de Corea del Norte, Kim-Jong Un, luego, hace el viaje a Singapur para encontrarse con él y darle un abrazo. Una estrategia que tenía como fin lograr la desnuclearización de la península. Tal vez buscaba la atención mundial confiando en que los miembros de la Academia le otorguen el Premio Nobel de la Paz, así como lo hicieron con Obama.

Donald Trump se aleja de las naciones amigas y pretende acercarse a los países que han sido sus enemigos tradicionales (Rusia, China y Corea del Norte). Inicia una guerra comercial frente a todos con la soberbia afirmación de que “las guerras comerciales son fáciles de ganar”.

La escritora De Francesco nos dice “los charlatanes se hacen presentes, en especial, en épocas de un desarrollo rápido de la ciencia o de aceleración tecnológica, cuando las personas son agobiadas con el esfuerzo de mantener en su mente esta acumulación de hechos y datos”.

En México vivimos una etapa semejante. Los abundantes reportes acerca de las cuatro campañas presidenciales, las siete campañas de candidatos a dirigir la Ciudad de México, los que aspiran a las alcaldías y al Congreso, vaya que nos saturan el ánimo. Lo mismo sucede en cada ciudad del país.

En un entorno pleno de versiones contrarias, según la fuente que nos informa, es natural que acabemos confundiendo a los aspirantes serios y profesionales con los charlatanes que tan sólo cuentan con una cantaleta que nos asfixia: “acabaremos con la corrupción”, “soy honesto”, “la resolución valiente y eficaz es la que yo propongo” y tantos mensajes que no pasan de ser expresiones carentes de fundamentos, porque no basta el simple deseo de extraer las soluciones de una chistera mágica.

Para todo charlatán resulta fácil expresar frases pegajosas y cómicas. Por ejemplo, en el primer debate presidencial quien se robó la nota fue “El Bronco” al afirmar que él propondría una ley que autorice cortar la mano a los ladrones. En el segundo debate capturó la atención nacional una acción de López Obrador al esconder su cartera y pronunciar “Ricky, rickin, canallín”.

México pasa en la mitad del año 2018 por un exceso de problemas acumulados a lo largo de los años por el descuido y la ineptitud de quienes nos han gobernado. En consecuencia, resulta difícil comprender el diagnóstico, el análisis y los planteamientos de resolución.

¿Cómo darle crédito a quien hace planteamientos profundos que no comprendemos? Lo más fácil es aceptar las promesas encantadoras de los merolicos que nos facilitan la vida, nos ahorran tener que pensar, ¿para qué?, es mejor asimilar sin comprender. Estamos en la época de los 140 caracteres como expresión favorecida de las nuevas generaciones y de Donald Trump.

El único consuelo consiste en aceptar que cada sociedad crea a los merolicos que requiere desde el Siglo XVI. Cada vez que se complica la realidad es buen momento para que aparezcan merolicos que ofrecen recetas de fácil asimilación, aunque las consecuencias no sean cuestionadas, ni creíbles. Aunque sus recetas maten, en vez de curar. Nos dejamos engañar y parece que nos gusta.

En fin, tal vez sea la ocasión de un alto personal, íntimo, para sentarnos a reflexionar lo que vivimos, lo que sufrimos; y hacer un inusitado esfuerzo por comprender la situación y confrontarla con las soluciones que nos ofrecen quienes aspiran a dirigir nuestro destino.

Es mucho pedir, sin duda, pero debemos detenernos a pensar en el futuro. Por lo pronto, disfruta de una semana feliz y productiva.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

RECUERDA: NADA CAMBIA HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y ÉSE… ¡ES UN LÍDER! ¿ACASO ERES TÚ? LOS LÍDERES QUE NOS PROPONEN SUS INICIATIVAS MERECEN SER ESCCUCHADOS Y CUESTIONADOS, DE ALLÍ SURGIRÁ EL CAMBIO. NADA MENOR.

 

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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