¿Qué tan Resiliente Eres?

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En esta época nos están apareciendo palabras que antes no manejábamos, una de ellas es resiliencia. Con abuso empezamos a utilizarla con mucha frecuencia y, a veces, la aplicamos de modo equivocado.

Resiliencia nos dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es: “La capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad”.

Lo contrario es cuando nos quebramos, cuando sucumbimos ante los problemas que se nos presentan. Es la debilidad que mostramos ante cualquier desafío. Es la proclividad que tenemos a llorar o a hundirnos en la depresión. Es la tristeza ambulante que nos acompaña todos los días en todos los momentos. Es el sentirnos perdidos ante el futuro. El no saber qué hacer ante las horas que nos depara el día.

Cuando emprendemos un proyecto con gran entusiasmo y después de hacer un enorme desgaste energético nos encontramos con que los resultados no son los que esperábamos es muy probable que nos sintamos decaídos y derrotados. Es sentirse abatido porque las cosas no salen como deseamos. Eso demostraría un bajo nivel de resiliencia.

¿Quién no ha cometido errores en su vida? ¿Quién no ha sufrido decepciones porque no le resultan las cosas? ¿Quién no se ha desmoralizado ante metas que no puede alcanzar? Se dice que “errar es humano” y, por tanto, debemos aceptar que la adversidad forma parte de la vida.

Ante estas situaciones lo que nos saca adelante es un alto nivel de resiliencia. Una capacidad que nos permite recuperarnos ante las desgracias y los infortunios para sacar fuerzas de nuestros recursos interiores levantándonos de lo más bajo y salir triunfantes ante lo que parecía inevitable.

En las redes sociales circula un magnífico episodio de box. Muhammed Alí y Joe Frazier se enfrentan por el Campeonato Mundial de Boxeo de los pesos pesados y se lanzan mutuamente más de 400 golpes. Un peso pesado manda golpes como si fueran marros que se azotan a una pared para horadarla y hacerla pedazos. Así estos dos boxeadores exhiben técnica y poder en esa pelea. Ninguno cae, pero los dos están rendidos, agotados, exhaustos.

En el round 10 Muhammed le pide a su manager que ya detenga la pelea. Angelo Dundee le pide un round más. Alí pelea ese round. Regresa y le pide a Dundee que pare la pelea, que no puede más. Su manager le pide un round más. Alí le dice que ya no puede más, que pare la pelea. Angelo le dice: “sólo te pido que te pongas de pie y camines al centro del cuadrilátero”. Alí se lo concede y llega al centro, para sorpresa de todos, el manager de Joe Frazier arroja la toalla y pide que se acabe el combate. Alí se corona una vez más. A Muhammed Alí se le considera el boxeador más grande de todos los tiempos. Su temple de acero, su hechura moral, su resistencia interna era más poderosa que su fuerza física. En una ocasión dijo: “cuando estoy entrenando para una pelea no necesito que nadie me esté viendo que corro diez kilómetros diarios a las cuatro de la madrugada”. Alí es un ejemplo de resiliencia.

Entonces, ¿qué tan resiliente eres? Ante la adversidad, ante un reto, ¿te quiebras o te fortaleces? Si las cosas no salen como te las propusiste ¿Cómo reaccionas? ¿Buscas alternativas para encontrar soluciones y te inyectas ánimo para responder con mayor energía?

El nivel de resiliencia que poseas se convierte en un indicador muy claro acerca de cómo reaccionarás en el futuro. Pero no todo está perdido, la resiliencia la puedes fortalecer dándote ánimos cada día y consolidando la confianza en ti mismo, haciendo crecer tus habilidades y aumentando la creencia en lo que eres y en las cualidades que te han permitido tener éxitos en el pasado.

En el trabajo el más resiliente será el vendedor que, aunque reciba más rechazos, tiene la fuerza interna para seguir insistiendo y no darse por vencido.

Uno de los asistentes del Secretario de Estado, Henry Kissinger, presentó a su jefe un trabajo que le había encargado. Kissinger le preguntó: ¿esto es lo mejor que puedes hacer? Respondió que no. Su jefe le dijo: “entonces, ve y mejóralo”. Este joven asistente no se desmoralizó. Se dedicó más para hacerlo mejor. Al entregarlo le preguntaron lo mismo y se tuvo que retirar a hacerlo mejor. A la quinta vez, le preguntaron: ¿esto es lo mejor que puedes hacer? Él contestó: sí, señor. Kissinger le dijo: “muy bien, entonces lo leeré”. Este joven demostró una gran resiliencia.

Te invito a reflexionar sobre la resiliencia, aclarando el concepto y buscando ejemplos. Cuando estás viendo un partido de futbol trata de apreciar cuál de los dos equipos es más resiliente, será aquel equipo que, aunque vaya perdiendo, sigue batallando por la victoria hasta el último minuto.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

REFLEXIONA: NADA CAMBIA, HASTA QUE ALGUIEN DA EL PRIMER PASO Y ÉSE ES…UN LÍDER ¿ACASO ERES TÚ? ARRIÉSGATE AL FRACASO, POR LO MENOS, APRENDERÁS Y LA SIGUIENTE VEZ LO HARÁS MEJOR.  AUMENTA TU RESILIENCIA.

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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