¿Qué usas para interpretar una conducta?

Modelo_Conductual

Alfredo Esponda
alfredo-esponda@cencade.com.mx

Los valores sociales influyen en nuestras conductas más de lo que nos imaginamos.

En Colombia, por ejemplo, se desató un furor por los implantes femeninos de pechos, inclusive llegó el momento en que se popularizó una novela, vuelta telenovela exitosa después, intitulada “sin chichis no hay paraíso”. Esto obedecía a que los narcos marcaban las preferencias por la exuberancia femenina.

En Brasil, con motivo de la Copa Mundial de futbol 2014, nos hemos llenado de reportajes donde nos muestran la exuberancia femenina trasera, hasta el arquitecto brasileño más famoso, creador del diseño maestro de Brasilia, ha construido puentes y museos basados en líneas que configuran la silueta trasera de las mujeres brasileñas, desplazando el concepto de líneas rectas y ángulos.

Los reportajes que aparecen en la televisión se regodean mostrando verdaderas bellezas.

 Karla Iberia Sánchez, reportera del Canal de la Estrellas, nos muestra en vivo la arrolladora fuerza que ejercen las mujeres bien dotadas de atrás, ya sea de forma natural o con implantes (internos o externos, es decir, almohadillas). Ella llega aún más, nos da la pista de cómo en Internet aparecen los concursos anuales de belleza en los sitios de “bumbum”.

Los mexicanos acostumbrados a las planicies frontales y dorsales nos deslumbramos con semejantes portentos. Es el caso de un mexicano que no pudo resistir la tentación de acariciar lo que no debía.

El marido ofendido, David Chaves (brasileño), declaró: “íbamos en fila india mi primo, mi hermano, mi esposa y yo cuando, al pasar por un taxi que estaba detenido sobre la calle, el pasajero que iba en el asiento delantero extendió la mano y le tocó la cola a mi mujer”.

A partir de ese acontecimiento se sucedieron broncas y golpes que provocaron la intervención de la policía. Esto hizo que los cuatro mexicanos involucrados fueran a parar a la cárcel. En virtud de que en Brasil pasa, más o menos, lo mismo que en México, los jueces se tardarán alrededor de seis meses en emitir su dictamen.

La cárcel será el refugio en ese tiempo de espera y, al parecer, la sentencia estará entre dos y seis años de prisión. Un poco cara la consecuencia de no controlar esos ímpetus de la naturaleza masculina.

Ahora bien, ¿por qué? En los mundiales anteriores y/o en las Olimpiadas los paisanos que viajan han hecho de las suyas: en Sudáfrica, le pusieron un sombrero de charro a la estatua del padre de la patria, Nelson Mandela. En Japón le jalaron la palanca a un tren bala para detenerlo, como si hubiera señal de peligro. En París se orinaron en la “flama perpetua” del Arco del Triunfo y la apagaron.

¿Por qué?, ¿Por qué? Debemos comenzar por preguntarnos quiénes son esos privilegiados que viajan a semejantes eventos. La mayoría están en el extremo de la pirámide social, o son niños bien o políticos bien pagados, o son gente de bajo nivel educativo que tienen negocios informales que al no pagar impuestos gozan de excedentes disponibles para lujosos dispendios.

En este caso de Brasil 2014 y quienes cometieron la falta que comento líneas arriba, tenemos a funcionarios del Comité Directivo Regional del PAN-DF y funcionarios de la Delegación Benito Juárez, además de ser ex-diputados. Todo indica que se trata de personas acostumbradas a gozar de impunidad. Acostumbrados aquí a faltarle el respeto a cualquier persona y no les pasa nada. Al menos, aquí en México, así sucede para quienes ocupan puestos políticos.

En el cuadro (figura 1) que acompaña a este texto ilustramos la cadena de causa a efecto de nuestros comportamientos. Todo comienza con las creencias sociales que dan forma a las creencias personales, ese conjunto de valores que hace que hagamos las cosas de la forma en que lo hacemos, llamado cultura, ya sea social o personal.


 

Modelo Conductual

 Figura_Modelo_Conductual

Figura 1 

Sólo una buena educación en valores puede hacer que las creencias individuales estén encauzadas de la manera más saludable para las personas. Si nos dejamos llevar por las influencias del medio ambiente acabamos siendo como todos los demás, de por sí irremediable, pero una sólida educación familiar y escolar nos permite escoger y dar forma a los valores que guiarán nuestra conducta en todos los actos de nuestra vida.

 

Es interesante recordar que como parte de esa influencia familiar están los factores hereditarios. Ahora, con los avances en el conocimiento del ADN, se estima que una tercera parte (por lo menos) de nuestra conducta es influida por aspectos genéticos.  Sin embargo, hay una diferencia enorme entre aceptar que estamos influidos por dichos factores, pero no determinados por ellos.

 

La familia nos da las bases, tanto genética como culturalmente, pero hay tendencias en nuestro comportamiento que nosotros con base en esfuerzos educativos podemos modificar para trazar el futuro de nuestra vida como acto decisorio definitivo.

A lo largo de nuestra vida se da una imperceptible combinación de fuerzas internas con influjos externos, nuestros valores impulsan nuestros pensamientos que ocasionan emociones y éstas generan impulsos que se convierten en una decisión para hacer lo que, finalmente, hacemos.

Volvamos al caso de los pecadores mexicanos en Brasil. Con creencias profundas de que “a mí no me hacen nada”, una ráfaga de pensamiento generó una emoción instantánea que llevó a nuestro personaje a una decisión: “yo le toco la cola a esa mujer” y ¡zas! que lo pone en práctica.

La acción, producto de un impulso profundo, llegó sin pensar en las consecuencias. Todo fue instantáneo. Toda acción produce una reacción, nos dice Newton. En nuestro caso las consecuencias naturales de nuestros actos son los resultados que obtenemos.

En función de los resultados se reafirman nuestros valores, nuestra cultura general, entendida como “la forma en que yo hago lo que hago”. No hablamos de cultura en su acepción de acumulación de conocimientos que nos acercan a la sabiduría.

En la vida diaria y para el común de nosotros, el modelo conductual funciona positivamente. Es decir, actuamos como producto de una decisión, ya sea racional o irracional, ya sea inteligente o estúpida, ya sea consciente o inconsciente.

Nuestras decisiones son producto de nuestras emociones que emergen de nuestros pensamientos o que son esclavas de estímulos externos.

Tomemos el caso de un enamorado. Sus emociones son ocasionadas por el enorme poder que ejerce sobre él la persona amada (ahora tenemos que aclarar “sin importar el sexo”). El enamorado insistirá “es mi vida y yo decido lo que voy a hacer”, pero no es cierto, le pesan mucho más las influencias externas, lo que haga o deje de hacer su amor.

La etapa del enamoramiento lleva a un adulto a creer cosas que sólo él ve y que los demás a su alrededor no aprecian.  Esos pensamientos genuinos de “es la mujer más bella sobre la tierra”, “su sonrisa es más brillante que la estrella más luminosa del firmamento” y cosas así por el estilo, son producto de paralelismos entre creencias propias (el ideal de mujer) y los influjos del entorno. Más pronto que tarde, se rompe ese velo y el mismo individuo no sabe explicar el cambio sufrido.

Lo mismo sucede con nuestros pensamientos. Surgen como producto de nuestras creencias, nuestra formación, nuestra educación, pero no únicamente, los estímulos externos juegan un papel crucial. A veces es una conversación casual, una conferencia, un mensaje en televisión o radio, una lectura en el periódico, revista o libro.

En síntesis, el libre albedrío no es tan libre como creemos. Estamos sometidos a las influencias del medio ambiente. Sólo la formación seria y continua puede brindarnos el blindaje para convertirnos en la clase de personas que deseamos ser y  evitar  acciones de las cuales tengamos mucho que arrepentirnos.

Espero que esta línea de reflexiones te sea útil.

Hasta la próxima.

P.D. Me abstuve de mencionar nombres y apellidos por una cuestión de decoro. Bastante se les ha difamado en los periódicos, sin conocer siquiera sus puntos de vista. No los han dejado hablar.

P.P.D. La justicia brasileña parece ser más rigurosa que la nuestra. El encierro es en serio.

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