Tres Decisiones Existenciales Parte III

Escucha el Podcast: Tres_Decisiones_ExistencialesIII

En los dos posts anteriores hemos abordado dos decisiones existenciales: ¿de qué vamos a vivir? y ¿con quién vamos a vivir? Dejamos claro, eso espero, que la primera decisión es preciso tomarla a los 18 años y la segunda entre los 24 y los 28 años de edad.

También he insistido en que es válido no decidir. Es una forma terrible de decidir, pero existe y debemos asumir sus consecuencias. No decidir es una forma de decidir, y no decidir en cuanto a estas dos primeras cuestiones es perfectamente factible, pero también debemos aceptar que la decisión se la estamos cargando a la inercia existencial. Estas dos decisiones siempre están allí, sean tomadas por nosotros o por las circunstancias. Son resueltas con el paso del tiempo.

TERCERA DECISIÓN EXISTENCIAL: ¿PARA QUÉ VAMOS A VIVIR?

La respuesta sensata a esta pregunta nos lleva a una decisión que pasa por un lento proceso de maduración de convicciones acerca de la vida y de nuestro papel en la vida. ¿Hay una edad propicia? Por supuesto, desde que nacemos hasta antes de los 30 años de edad.

Una vez iniciada la treintena debemos tener clara la respuesta a esta pregunta. Conozco personas que nunca se han formulado esta pregunta y simplemente…viven.

El para qué de nuestra existencia tiene una gran variedad de respuestas, las más comunes son: vivo para ser feliz, quiero dejar una huella, servir a la humanidad, servir a mi país, hacer felices a otros, quiero triunfar y ser admirado, ser millonario y vivir la vida en grande, etc.

Hace poco el gran caricaturista Francisco Calderón publicó un cartón para rendir un homenaje a uno de sus maestros, que acababa de fallecer. El cartón desarrolló esta idea: “mientras fui estudiante, siempre tuve problemas con mis materias. Me la pasaba dibujando. Mi madre, furiosa conmigo me llevó ante el profesor y le dijo, ya no sé qué hacer con este niño, no logro que estudie, todo el tiempo está haciendo dibujitos.

Después de una plática con mi madre le contestó, señora si él es feliz haciendo dibujitos, déjelo, porque la Patria requiere de hombres felices” Calderón, que hoy es un “monero” destacado, el mejor, terminaba rindiendo homenaje a la sabiduría de ese profesor porque consiguió que su madre lo dejara en paz.

A mí me sucedió que un compañero de trabajo en CENCADE, consultor experimentado y de gran sabiduría, el Ing. Edmundo Novelo Novelo, autor de varios libros y maestro emérito en la UNAM, un día me solicitó que platicara con uno de sus hijos que se negaba a inscribirse a una carrera en la UNAM, que hiciera lo posible por orientarlo y persuadirlo para que fuese un profesionista.

Me reuní gustosamente con su hijo,  tuve una conversación larga y afable. Después de ello le dije a su papá: Sabes Edmundo, el muchacho tiene razón. Déjalo que siga su camino, está en la ruta de su vocación.

El muchacho continuó con sus actividades, con sus ahorros se fue a Nueva York, tomó todas las clases que pudo,  con los sacrificios que significaba y, dos años después, regresó a México para hacer sus presentaciones de magia. Triunfó y sigue triunfando como EL MAGO EDNOVI.

Su padre con gran orgullo me dijo un día: “fíjate que Edmundito gana en uno de sus eventos lo que yo gano como profesor emérito en un año”.

Con estas dos experiencias deseo ilustrar el proceder adecuado. Es preciso ahondar en las raíces, en las creencias más profundas y descubrir en dónde está nuestra pasión, qué es aquello que haríamos sin que nos pagaran, a qué le dedicaríamos horas de desvelo sin sentir cansancio, qué nos despierta por la mañana lleno de energía y sintiendo que ese día tenemos algo que realizar que nos conduce a la grandeza que estamos anhelando.

¿Para qué vivir? pues debemos tenerlo claro. Se cuenta que Gallup ha destinado a personas para que en lugares de alta concentración le pregunte a los transeúntes: ¿para qué se ha levantado hoy? La respuesta más frecuente es: para trabajar. Y ¿por qué? Para ganar dinero. Y ¿para qué? Pues para poder comer y llevarle a mi familia lo necesario para vivir.

Gallup concluye al vincular estas respuestas con los resultados de encuestas laborales que únicamente dos de cada diez personas que asisten al trabajo están felices con lo que hacen, el 80 % desprecia su trabajo, o por lo menos, lo sufre. Ello explica los bajos índices de productividad laboral. No hay entusiasmo ni gusto por el trabajo.

Y tú mi estimado lector ¿para qué vives?, ¿qué es lo que quieres darle a la vida?, ¿qué es lo que estás esperando que la vida te dé?, ¿has dejado esta decisión a la inercia existencial o realmente tomaste la vida por los cuernos y tú estás encauzado en lo que amas?, ¿vives tu pasión?

En esta cuestión quiero dilucidar un punto. Con frecuencia confundimos la pasión con aquello que nos divierte. Yo mismo, impulsado por el enorme amor de mi madre, me inscribí en la carrera de canto en la Escuela Nacional de Música de la UNAM. Me apasionaba cantar. Cuando era niño vibraba escuchando y luego imitando a Jorge Negrete. Más tarde en mi juventud me ilusionaba y me sentía feliz cantando  de la mano del disco que reproducía la esplendorosa voz de Luciano Pavarotti.

Pero, surgió el gran pero, a los dos meses de mis clases de canto, el maestro me llamó y me dijo unas palabras dolorosísimas para mí: “Alfredo, es admirable la clase de barítono que hay en ti. Eres muy joven y ya tienes la voz bien colocada. Sin embargo, quiero decirte que la música es cuestión de oído y lamento decirte que careces de esa facultad. Te recomiendo que busques otra actividad en tu vida”.

¿Cuál es la lección? No basta con desear o creer que nuestra pasión es una determinada actividad. Es preciso contar con las facultades, con los recursos que la tarea exige. A mí me costó trabajo aceptar, me alentaba el hecho de que un maestro le dijo a Enrico Caruso “dedíquese a otra cosa, su voz suena como el viento cuando mueve las persianas”, y sin embargo, lo superó y se convirtió en uno de los más importantes cantantes en la historia de la ópera. En mi caso, me tomó tiempo aceptar que un oído defectuoso para la música no tiene corrección, que la música es un don. En síntesis, su pasión tiene que estar acorde con sus talentos.

¿Para qué vivir? Tiene que ser algo más que para ganar dinero, algo más que para sobrevivir, algo más que para llevar a la casa la subsistencia y brindar a nuestros hijos la educación que merecen. Ese algo más es el ejercicio de nuestra pasión acorde con los talentos y los recursos que nos son propios.

Puede ser que tomemos esta decisión impulsado por fines egoístas: sólo es importante aquello que me haga feliz a mí. Superemos ese nivel y pensemos en dedicarnos a una actividad que esté al servicio de nuestra comunidad.

La traición que nos hacemos consiste en conocer nuestros talentos y dedicarnos a algo diferente, porque alguien nos dijo que el teatro no deja, que ser profesor es una tarea mal pagada y menos apreciada y así por el estilo.

Si hay talento, adelante. Toda tarea que emprendamos tendrá un camino arduo por recorrer, los éxitos repentinos se le dan a unos pocos, los demás necesitamos esforzarnos y tener una gran confianza en que al final ¡triunfaremos! Te deseo suerte, que elijas bien.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

NADA CAMBIA, HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA: UN LÍDER ¿ERES TÚ?

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

P.D. No olvides leer el Reporte Especial INTRAPRENEUR.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.