Tú Debes Ser más Resiliente

Escucha el podcast: Tú Debes Ser Más Resiliente

“Veo que te das por vencido muy fácilmente”, ¿por qué lo dices? “haces un intento de destapar esa botella de agua Ciel y como no puedes, pides ayuda”.

Ese fue el diálogo que escuché entre compañeros de oficina y sí, es cierto, me consta, ese compañero en particular no hace segundos intentos, ni se esfuerza lo suficiente por lograr algo más allá de lo que se le pide.

¿Qué hace que algunas personas resistan la adversidad con mayor fortaleza que otros? ¿Por qué algunos se adaptan más fácilmente al cambio?

Un bajo nivel de resiliencia es una característica que ciertas personas manifiestan por la vida. Cuando se ha crecido en un ambiente protegido y no ha existido la necesidad de hacer esfuerzos adicionales a los comunes y corrientes, esas personas no han enfrentado desafíos que los obligue a estirar sus recursos internos.

Muchas niñas crecen con un capelo sobreprotector, papá no deja de decirles “reinita” o “princesita” y a partir de allí, todo se les da sin pedirlo siquiera. Esto prepara a esta clase de niñas a un comportamiento con un bajo nivel de resiliencia, después, lloran por cualquier cosa, se ahogan en un vaso de agua.

Lo mismo sucede con los muchachos que lo tienen todo desde niños y los padres evitan que se esfuercen, están al pendiente de todo para protegerlos, no soportan verlos llorar. Cuando mayores, hasta les consiguen la futura esposa.

Aquí entra en función la frase: “todo lo que hagas por tus hijos, no lo harán por ellos mismos” y con el paso del tiempo, lo que fue un exceso de amor y sobreprotección se vuelve debilidad de carácter y una resiliencia nula.

Tomemos el caso desafortunado de quienes crecen en hogares disfuncionales, padres divorciados o en ambientes terriblemente pobres.

Una persona con bajo nivel de resiliencia crece con miedo al fracaso y, por ello, evita entrar en situaciones desafiantes. Entonces, no se propone metas ambiciosas porque puede ser que no las alcance, y …sufra. Ese tema de la superación continua no se le da, ni cree en ella. La desesperanza es su sino.

Por el contrario, alguien con altos niveles de resiliencia se lanza a cometidos que van más allá de sus capacidades, se acostumbra a fracasar y a resistir. En una de esas, puede ser que triunfe y … suele pasar.

Valdría la pena que reflexionemos acerca de la importancia de desarrollar un mejor nivel de resiliencia, darnos cuenta que, a veces, tenemos descuidado este aspecto de nuestro desarrollo emocional y pagamos un precio del cual no estamos conscientes, simplemente no nos atrevemos a soñar en grande, dejamos que la inercia de la vida se encargue de arrastrarnos al nivel que nos merecemos, sin pretender algo más allá de nuestra capacidad actual, sin mediar esfuerzos que nos eleven y engrandezcan nuestra calidad de vida.

Pero, ¿cómo elevamos nuestro nivel de resiliencia? Veamos ocho acciones.

  1. Fomentar el optimismo, esto significa, que debemos estimular nuestra capacidad de ver el futuro con mayor esperanza, en vez de doblar los brazos y rendirnos.
  2. Acrecentar la confianza en nosotros mismos, para ello es recomendable rodearnos de personas positivas y evitar a quienes critican consistentemente. En la medida de lo posible, contar con un círculo de personas que tienen fe en nosotros y nos la manifiestan frecuentemente.
  3. Acordar con uno o dos amigos sinceros un pacto de reconocimiento mutuo.
  4. Generar autocontrol en lo que hacemos, según los psicólogos, Jack y Jeanne Block “es el grado en que un individuo tiene la capacidad de postergar la gratificación inmediata a fin de cumplir otros objetivos en el futuro”.
  5. Poseer un sistema de creencias que nos inyecta confianza en nosotros mismos, en los demás y en la vida misma, para valorar continuamente lo que nos rodea.
  6. Desarrollar un firme propósito en la vida que nos allegue aspiraciones elevadas que vayan más allá de la rutina.
  7. Aceptar que tenemos el poder de influir en nuestro entorno, de que somos valiosos para nuestra sociedad, que hacemos aportaciones y nos las reconocen.
  8. Creer que todo lo que vivimos, positivo y negativo, nos ayuda a aprender y crecer.

Suficiente para reflexionar y actuar, adelante, entonces.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

RECUERDA: NADA CAMBIA, HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y ÉSE…ES UN LÍDER. ¿ACASO ERES TÚ? ¿QUÉ ESPERAS PARA COMENZAR?

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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