Carlos Ghosn: El Asesino de Costos

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¿Cómo es que alguien puede arañar las nubes del éxito y luego darse un porrazo doloroso y lamentable? ¿Cómo es que el triunfo y la tragedia pueden ir tan acompañados del brazo? ¿Tiene explicación un contraste tan dramático? ¿Hay lecciones para nosotros?

Allá por el año 2005 leí por primera vez algo referente a Carlos Ghosn. Desde entonces lo admiré. Su historia siempre me pareció digna del reconocimiento mundial que, en ese momento, ya tenía.

En marzo de 1954 nace en Puerto Bello, Brasil, un niño de familia libanesa. Su abuelo escapó de los frecuentes conflictos que han destruido a ese bello país. A los seis años su familia se regresó a el Líbano y por ello Carlos hizo en ese país toda su escuela primaria y secundaria con los jesuitas. La carrera la hizo en la escuela politécnica de París.

En 1978, a los 24 años, comenzó a trabajar en París con una de las empresas manufactureras de llantas más grande del mundo: Michelin. Tan sólo tres años después lo hicieron director de la planta más importante. Hizo una carrera profesional sorprendente, de ascenso en ascenso. Al nombrarlo Director de Operaciones e Investigación de todo el grupo recibió el encargo de arreglar las plantas en Brasil porque eran empresas que estaban hundidas a punto de quebrar. El mismo Francois Michelin le hizo el encargo a Carlos Ghosn para sanearlas.

Regresar a su patria resultó emotivo y aleccionador, aprendió a combinar distintas procedencias culturales a la hora de armar equipos de trabajo multifuncionales capaces de asimilar las mejores prácticas imperantes en plantas de distintos países. No obstante las diferencias, supo encontrar los elementos comunes para plasmar un método de trabajo eficaz.

Su éxito en la división de Brasil propició que lo nombraran presidente y director de operaciones de la división de Norteamérica por lo cual se trasladó a vivir a Carolina del Sur, en Estados Unidos. Esto lo condujo a la máxima posición en esa división, especialmente importante en el momento en que Michelin compró a Uniroyal Goodrich. Después de 18 años en Michelin se encontraba sumamente inquieto, de modo que una oferta de Renault le sonó muy atractiva. Vio cerrado su camino al saber que Michelin Jr. habría de ocupar el puesto que él anhelaba.

De esa manera en 1996 ya se encontraba trabajando en Renault y en tan sólo dos años consiguió que sus iniciativas de restructuración alejaran a la empresa de la bancarrota. Para 1999 la Renault se animó a comprar acciones de Nissan y encargarle a Ghosn el mismo trabajo que había hecho con ellos. Sus ascensos, al igual que en Michelin, fueron rápidos. De COO (Chief Operating Officer) pasó a presidente y CEO (Chief Executive Officer) para 2001. La alianza Renault-Nissan estaba funcionando.

Las malas condiciones en que se encontraba Nissan hacían incomprensible la alianza; sin embargo, Ghosn lo logró: de una deuda superior a los 20,000 millones de dólares y pérdidas de 6,400 la llevó a utilidades de un 4 % sobre ventas y reducción de la mitad de la deuda.

¿Qué hizo? ¿Cómo lo logró? Formó equipos interdepartamentales (compras, ingeniería, ventas, etc.) dedicados a resolver problemas claramente identificados. Cerró 5 plantas problemáticas, despidió a más de 21,000 trabajadores, redujo el número de modelos de autos, quitó a proveedores que no aceptaron reducción de precios y mejoró la red de distribución.

A Carlos Ghosn no le tembló el pulso para transformar esa cultura laboral japonesa creyente en la filosofía de mejora continua y el empleo de por vida, para entrar de golpe y con gran determinación a la reingeniería cortando lo que tuviera que cortarse. Se le apodó el “asesino de costos”. Nombró ejecutivos de Europa y de Estados Unidos, cambió el idioma oficial de Nissan del japonés al inglés. Llevó a la alianza a convertirse en el cuarto productor mundial de autos al vender más de 10 millones de unidades.

Todo sonaba maravilloso, hasta que el 19 de noviembre de 2018 es apresado. Entonces, ¿por qué se derrumbó? ¿qué errores cometió?

La debilidad humana en acción: desvió recursos de la empresa para aumentar su patrimonio personal. Fue acusado de fraude al fisco y evasión fiscal. El apetito por los lujos sobrepasó los maravillosos controles que tenía al fijarse sus objetivos. Tiene casas lujosas en Tokio, París y Líbano, pero por el momento no puede disfrutarlas, tal vez sus abogados logren salvarlo de penas en la cárcel que pueden mantenerlo encerrado durante más de 15 años.

Es un caso para reflexionar, sin duda.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

Goethe: Sólo es digno de libertad aquel que sabe conquistarla cada día.

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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