Las Teorías No Sirven

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¿Qué pensarías de alguien que tiene esa mentalidad? Es su derecho, ¿o no? Veamos un caso que nos sirve de evidencia de que las teorías deben tirarse a la basura, o por lo menos de quienes así piensan. Y, por supuesto, sus consecuencias.

 

Nuestro Honorable Congreso de la Unión en diciembre de 2019 votó una Ley de Amnistía que otorga el perdón a los culpables de robo simple sin violencia (inferior a los 51,000 pesos), aborto, narcomenudistas, indígenas que no hayan tenido la posibilidad de una defensa apropiada.

 

En síntesis, de aquí en adelante podemos ser asaltados hasta por 50,000 pesos y no pasa nada. El narcomenudeo puede actuar libremente, etc.

 

Ahora bien, existe una teoría derivada de un experimento de psicología social que realizó en 1969 el Dr. Philip Zimbardo, de la Universidad de Stanford, un “fifí”, conservador y de pensamiento retrógrada, que demostró cómo funciona este asunto de la delincuencia.

 

Dejó dos automóviles idénticos abandonados. Uno en el Bronx de Nueva York, zona pobre y descuidada. Otro en Palo Alto, California, zona de alto nivel económico.

 

El auto abandonado en el Bronx fue vandalizado con mucha rapidez: parabrisas roto, llantas, espejos, radio, etc. todo robado. El auto abandonado en Palo Alto estaba intacto, pero, a propósito, le rompieron una ventana y muy pronto también fue vandalizado de igual forma.

 

El Dr. Zimbardo concluyó: es algo que tiene que ver con la psicología humana. Si ves un tiradero, tú también tiras, si alguien dice malas palabras, pues tú también. Si ves que un auto está apedreado, pues tú también le avientas una piedra, al fin que no tiene consecuencias para ti.

 

Este experimento llevó más adelante a que otros psicólogos sociales hicieran estudios semejantes que derivaron en “la teoría de las ventanas rotas” sustentada por James Q. Wilson y George Kelling. Esta teoría confirma que el delito es mayor en ambientes donde abunda el descuido, el desorden, etc.

 

Lo interesante es que esto lo puso en práctica William J. Bratton que fue Jefe de Policía en Boston en 1970, luego en la ciudad de Nueva York en 1994-1996. Tuvo la suerte de que llegara como alcalde Rudolph Giuliani que comprendió la importancia de esta teoría y juntos impulsaron un programa denominado “tolerancia cero”.

 

La ciudad de Nueva York que padecía de caos, narcomenudeo, crimen, asaltos, robos y grafitis, era insegura e intransitable a determinadas horas. Se transformó, en tan sólo un periodo gubernamental, en una ciudad segura y tranquila. Ciudad modelo digna de ser copiada.

 

Esto hizo que Andrés Manuel López Obrador, en el año 2000, jefe de Gobierno, y Marcelo Ebrard, jefe de policía, de la ciudad de México se fueran con la finta y contrataran asesoría a Giuliani por 4.3 millones de dólares, sin considerar a William J. Bratton (el verdadero artífice). Con resultados nulos.

 

En Nueva York no faltaron los críticos que consideraron que el programa “Tolerancia Cero” fue excesivamente duro para la población. El éxito siempre genera envidia y celos. La conclusión: “las infracciones por más insignificantes que parezcan deben ser sancionadas, porque la sumatoria de esas pequeñas faltas crea un clima de desorden e inseguridad que favorece la irrupción del delito”. Pero claro, esta es una teoría “fifí” a la cual podemos contradecir impunemente, al fin que las consecuencias las sufren otros.

 

Te invito a reflexionar: ¿la teoría sirve? ¿podemos menospreciarla o buscar su adaptación y aplicación a nuestro caso?

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

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alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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